lunes, 5 de enero de 2015

Diario de la Chikungunya

Domingo 5:00 AM - Tiemblo de frío aunque estoy debajo de un edredón, una frisa, y el acondicionador no se ha encendido desde ayer.  Mi perro Chocolate me despierta para que lo deje salir a hacer pipi, y se lo agradezco porque es hora de tomar la medicina anti-fiebre y dolores.

La experiencia ha sido que si no la tomo estrictamente cada cuatro horas, me sube la fiebre y se incrementan los dolores en las coyunturas. En ese momento ya no puedo levantarme a tomarla, así que me aguanto los dolores lo mejor que puedo hasta que no soporto más y cojo valor para desplazarme hasta la cocina a tomarla.

Imagen simulada (como en
los anuncios de televisión).
Ayer puse a hacer una pasta de almuerzo para no tomarme la medicina con el estómago vacío. Me recosté en lo que estaba lista pero ahí se me pasó la hora, me subió la fiebre, empezaron los dolores y no pude ir a apagar la estufa. La peste a quemado fue lo que me obligó a levantarme y de una vez aproveché para tomarme la pastilla. Media hora más tarde pude ir a cocinar de nuevo.

Ahora mismo la cama está empapada en sudor, porque debo haber estado con escalofríos por la noche. Voy a dejar que las sábanas se sequen solas, porque no me puedo meter en el proyectazo que sería cambiar la ropa de cama. Eso sería como desyerbar el patio o pintar las rejas sintiéndome como me siento.

Dentro de todo, pienso que esto no va a durar mucho. Siendo un tipo saludable que se ejercita y come responsablemente, estoy seguro que ya estoy saliendo de esto.  El viernes pasado me tuve que ir enfermo del trabajo al mediodía. Pienso que lo peor ya pasó y que puedo regresar el lunes a laborar.


Lunes 4:25 PM - Sigo mal. Por la mañana equivocadamente pensé que me sentía mejor y me fui al trabajo.  No es que lo pensé, es que la maldita pastilla esa enmascara el dolor y la fiebre por cuatro horas, y crees que ya estás bien.  Pero sólo es un espejismo.  Estás jodío, pero no te das cuenta.  Tuve que regresarme a casa y acostarme de nuevo.

En el camino me detuve en la farmacia a comprar más pastillas bajafiebre y quitadolores. Mañana es día festivo y si no las compro hoy, sí que se me forma la grande.  Justo frente al mostrador del farmacéutico, en un tablillero se anunciaba el “Chikungunya Tea”, el mismo té que me he estado preparando en casa, pero ya convenientemente pre empacado por una compañía que ha de ser... de ángeles.  Enseguida me hice de ilusión.

Ya no tenía que poner a hervir la cáscara del mangó verde, la canela y la malagueta, porque con sólo calentar el agua en el micro y sumergirle una bolsita del té, iba a estar curado y querido. Me imaginé como noble inglés sentado en una mullida butaca, vestido con una bata de terciopelo rojo y tomando la taza de té.

Cuando llegué a casa y abrí la caja, lo que encontré fue una bolsita plástica con varias hojas secas y rotas, con un polvillo en el fondo, que ha de ser la canela.  Por el momento voy a seguir con mi té from scratch, que tiene mejor semblante. Luego, si acaso,  le meto a las hojas.

Con todo y lo mal que me siento, no se compara a cuando tuve dengue. Entonces sí no me podía mover de la cama con un dolor de cabeza brutal, me dolían los ojos y me molestaba la luz, tenía fiebre bien alta y dolor en los huesos. El agravante fue que se dañaron el teléfono y el acondicionador, y se acabaron las pastillas. Pasé tres días sintiendo que me moría y completamente incomunicado hasta que llegó mi room-mate de viaje y me salvó la vida.

Lunes 5:54 PM - Mañana es Día de Reyes.  No creo que esta noche vaya a salir a buscar yerba para los camellos, pero sí puedo dejarle hojas secas de mangó, limón y guanábana.  De eso tengo una bolsa plástica que compré hoy.  A ver si me dejan algo.



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