sábado, 1 de abril de 2017

Un "sommelier" y cinco vinos sudamericanos

El sumiller no pudo ser mejor, porque estuvo hablando sobre algunos vinos de Argentina, y varias veces hizo referencia al pueblo en que nació. “Este viñedo está a 300 kilómetros de mi pueblo natal”, comentó una vez, haciendo alusión al clima, el área y la tierra que conoce bien desde que era un niño.

Eduardo Dumont, es un sommelier argentino que vive en Puerto Rico hace cinco años, y en pocos minutos nos habló del agresivo turismo interno que ha hecho en la Isla, de los lugares que ha visitado, y de lo mucho que disfruta en ella.

Nos encontramos en el restaurante Bazille, en el segundo nivel de la tienda Nordstrom en el Mall de San Juan. 

Dumont era el guía de una cata de cinco vinos sudamericanos importados por la distribuidora Méndez & Compañía, que se iban a maridar con cinco platos preparados por la chef del restaurante, Katherine Juban, en el evento llamado “Tasting the World”. 

Justo al llegar nos recibieron con una copa de Sauvignon Blanc TH, procedente de Leyda, Chile. 



En el orden usual, Jonathan Rodríguez, Emilia González,
Yanira Escoda y Eduardo Dumont, el sumiller.
En lo que comenzó el evento, compartimos con nuestros amigos: la Gerente General de Bazille, Emilia González; Jonathan Rodríguez, asistente a la Gerente General; En representación de Méndez & Compañía, Yanira Escoda, de Ventas y el sommelier Dumont.

La primera presentación de maridaje fue Cangrejo con vinagreta cítrica, queso burrata, berenjena y puré de maíz con chile poblano. El vino servido era un chardonnay El Enemigo, del área de Mendoza, en Argentina.

“¡Salmón con vino tinto!” fue la reacción al próximo plato,  resultando un maridaje perfecto por el sommelier Dumont. El Salmón a la sartén con pasta capellini en salsa margarita de tomate ahumado se llevaba extraordinariamente bien con el Pinot Noir Chacra Barda, de la Patagonia en Argentina.

El tercer plato, fue una sencilla Provoleta asada con gastrique de cerezas negras y salsa chimichurri, acompañado con tostadas de pan baguette. Un vino chileno carmenere Von Siebenthal, del valle de Aconcagua, fue la pareja en el maridaje.

Los vinos al igual que los platos fueron aumentando en intensidad de sabor. La última pareja, un steak Angus Flatiron cocido sous-vide, marinado 48 horas en el mismo vino Alpasion con que se iba a maridar; puré de habichuelas (frijoles) negros, casabe y un demi de orégano. 

El vino malbec Alpasion del área de Mendoza en Argentina, merece una mención especial. Nos cuenta Eduardo que un grupo de amistades decidió hacer un vino memorable. Trabajaron mucho hasta hacer ese sueño realidad, y están tan orgullosos del resultado, que colocaron las huellas dactilares en la etiqueta. El vino es fuerte en sabor, en aroma y en color. Fue el complemento prefecto para el bloque de carne Angus asada.

Para finalizar, el restaurante obsequió un pedazo del postre tradicional del local, el Pudín de pan con chocolate blanco. 


El restaurante Bazille, se propone continuar mensualmente esta serie de catas con cena incluida, cada mes visitando un país productor de vino distinto. Esperamos con ansias las visitas a Francia, España y Portugal.


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sábado, 4 de febrero de 2017

El Año del Gallo Rojo

Detalle de biombo Coromandel. Colección privada.
Recuerdo haber subido con mis padres por una imponente escalera iluminada a media luz, que dejaba entrever cuadros tallados en palo de rosa y marfil, con pagodas de jade, coral, y marcos laqueados en oro.

Foto suministrada. DR.
En la antesala al salón comedor nos recibieron cuatro biombos coromandel y un solemne personaje vestido de etiqueta que nos llevó a la mesa.  Allí, bajo una lámpara de paneles de seda pintados a mano y borlas rojas colgadas de la boca de ocho feroces dragones, tomé mi primera sopa de mariposas. Yo tenía seis años, y la primera cena en un restaurante chino cambió mi vida para siempre.

El Gallo Rojo ya no existe, pero siempre lo recuerdo con nostalgia cuando paso por la acera del edificio frente a la Ventana al Mar. Es un hermoso recuerdo de hace décadas, que incitó mi afición por la comida china.

El 28 de enero de 2017 comenzó el año nuevo chino, que se rige por un calendario de animales en vez de números como el occidental. Este año se celebra el año del Gallo, y la celebración dura más de una semana.

Pollo al Limón.
Oriental Palace, Plaza Las Américas
Para muchos de nosotros, ese país lejano y legendario, se nos hace conocido por su comida. De hecho, la preferimos sobre muchas otras cocinas étnicas quizás más cercanas a la nuestra.  Pero, ¿A quién no le gusta un sabroso arroz frito con camarones, unas crujientes costillas agridulces o un delicioso pollo al limón? Te invito a que pasees conmigo y disfrutes de muchas cosas desconocidas y nuevas de este antiguo país.

Foto suministrada. DR.
La ruta de la Seda 
El comercio de seda y del té entre China y Europa dio paso a largos viajes a través de los continentes. Esto significaba la escasez de comida a mitad de camino, y hambre. La invención china de secar la comida, hizo mucho más llevaderas las rutas comerciales, ya que hacía fácil transportar y preparar comidas en el camino.

Foto suministrada. DR.
Dicen algunos historiadores que Marco Polo trajo la pizza y la pasta desde China, otros dicen que no es cierto, que vino del norte de Italia. “Sin embargo, la palabra Pizza en chino significa lasca de piel”, nos aclara la señora May Chow, comerciante de muebles y arte chino en San Juan, y quien lleva muchos años en Puerto Rico. 
Foto suministrada. DR.
“Por otro lado, los fideos en China se preparan justo antes de cocinarlos, fue Marco Polo quien al intentar llevar la pasta fresca a Italia, la dejó secar en el camino, descubriendo sin querer la pasta seca”, continúa, asegurando que muchos de los descubrimientos que han creado ancestrales polémicas son chinos.

Las Cinco Especias
Las grandes expediciones europeas además de telas y té transportaban especias, algo en lo cual el Oriente es millonario, y todo el otro lado del mundo ansiaba tener. Esto dio paso a varias guerras en nombre del aromático botín, e instó a Cristobal Colón a viajar en su busca, descubriendo a América en su camino.
En China la comida se condimenta con muchas especias, sin embargo hay una mezcla muy particular que, como nuestro sofrito, aparece en muchas recetas. Es un polvo fino de Canela, Jengibre, Anis estrellado, Clavos de especias, Semilla de hinojo (fennel seed) y pimienta negra, molidos en cantidades ya determinadas, y se compra bajo el nombre de Cinco Especias. En Puerto Rico es posible conseguirlo en varios establecimientos comerciales, pero si quieres lo puedes hacer cambiando la proporción de las especias a tu gusto. 

Foto suministrada. DR.
La Cena del Emperador 
Desde el comienzo de la dinastía Shang, en el año 1480 antes de Cristo, el emperador de China tuvo un chef de cocina entre su personal. Fueron muchos los que subieron al poder mientras ocupaban esa posición dentro de la Ciudad Prohibida en Beijing, bajo la protección del “Hijo de los Cielos”. De la misma manera, muchos perdieron la cabeza, literalmente.

Plato rojo Mun Shou de Jiangxi.
Colección privada.
Aun siendo un secreto de estado, muchas recetas se escapaban hacia el resto del país y aquéllos que podían pagar los altos precios de sus ingredientes, disfrutaban de deliciosos manjares como la Aleta de tiburón, las Patitas de oso, los Sesos de mono y otras cosas que nos pueden sonar extrañas en esta parte del mundo, pero que son  exquisitos platos, dignos del emperador.

Tofú frito. Kimpo Garden, San Juan PR.
El Hijo de Vecino 
Para el ciudadano común la comida es distinta. Generalmente cuenta con cuatro platos e incluye una sopa, vegetales, carne o pescado y té.  En el norte de China la sopa se sirve después de la comida y es liviana, y en el sur se sirve antes de la comida y es picante. En el centro, en el área de Shanghai, se sirve en cualquier momento, y con arroz.

Matrimonio Frito
Foto suministrada. DR.
Hay muchos platos de los cuales se cuentan historias y anécdotas. Algunos pueden ser muy románticos y otros hasta un poco grotescos. El siguiente nos lo relató la Sra. Chow: Cuentan de un ministro de provincia apellidado Kwai y de su esposa, que eran muy malvados con sus súbditos. Éstos no podían hacer nada a pesar de que sufrían mucho a manos de tan infame pareja. Para desquitarse en la intimidad de su cocina, hacían dos rollitos de masa de pan que entrelazaban en forma de tornillo y los echaban a freír en aceite bien caliente, pensando que se lo hacían a Kwai y a su señora. El nombre de esta fritura que se come en el desayuno es Yu sa Kwai, que literalmente en castellano significa: Kwai frito en aceite, y es un híbrido entre una dona y un churro.

Foto suministrada. DR.
Dim Sum
Uno de los placeres más singulares en la comida de este país lo es el Dim Sum, algo parecido a las “tapas” en España. Una celebración entre amigos que más que un desayuno o almuerzo es una reunión en un restaurante que usualmente acomoda hasta mil personas.
Foto suministrada. DR.
Los mozos llevan pequeños carritos con distintos entremeses, de los cuales los comensales van pidiendo.  Al finalizar se cuentan los platos ingeridos y se paga de acuerdo. En un día normal los carritos pueden tener más de cuatrocientos tipos de comida. Imagínate cuántas veces hay que visitar el restaurante para poder probarlos todos. 
Domplines. Kona Grill, Mall de San Juan, PR.
Dim Sum significa “pequeñas joyas que abrazan el corazón”. Sin embargo, los chinos no lo ven como una merienda, sino como una cena completa. Entre los carritos se puede encontrar camarones en salsa picante, calamares, albóndigas y muchas más. De ahí el nombre de las “pequeñas joyas”.

El Wok
Foto suministrada. DR.
El utensilio más importante en la cocina china es el wok.  Un sartén redondeado que al ponerlo al fuego, concentra el intenso calor en un área específica del fondo. Esto permite escurrirle el aceite a la comida al arrimarla hacia los bordes e inclusive seguir cocinando otros ingredientes en la misma olla sin mezclarlos con los cocidos. El wok surge para la era de bronce, cuando los invasores mongoles utilizaban sus cascos de metal para cocinar en los campamentos. 

Foto suministrada. DR.
Otro utensilio importante es el vaporizador hecho de bambú, una cacerola en forma de anillo en cuyo fondo tiene una rejilla de palitos para que pase el vapor. Esto  se coloca encima del wok con agua hirviendo para cocinar los vegetales al vapor. Inclusive puede colocar tres o cuatro y hacer una comida completa a la misma vez.

Foto suministrada. DR.
Un plato importante por la unidad familiar que propicia, es el Hwo Kwo, o la “olla de Mongolia”. Es un hornillo en forma de aro con una chimenea en el centro que se lleva directamente a la mesa, y se cocina allí. Esta cacerola hecha de bronce es muy hermosa, y se utiliza en las festividades del Año Nuevo.

En Puerto Rico
Se dice que el primer restaurante chino en Puerto Rico fue el Cathay, en el segundo piso de un edificio en Miramar que estaba en lo que ahora son los jardines frente al Centro de Convenciones. 

Más tarde se mudó a Puerta de Tierra, en donde construyeron una pagoda frente al Parque Muñoz Rivera, y todavía sigue en funcionamiento. El edificio es un hito en el área, que se distingue por edificaciones icónicas antiguas estilo Viejo San Juan, y es el último en la avenida en que se encuentran el Ateneo, el Capitolio de Puerto Rico y la Casa de España.

Años más tarde se estableció el Ko-Bai en la esquina de las avenidas Roosevelt y De Diego en Puerto Nuevo, que cerró operaciones en los años 90; 
y el Fong Wong en la avenida Ponce de León al cruzar el Banco Popular Center y ya tampoco existe. En este momento hay centenares de restaurantes chinos por toda la isla, que van desde locales de mucho lujo, hasta de comida rápida.

Foto suministrada. DR.
Uno de los más celebrados fue el “Back Street Hong Kong” en el Hotel San Juan en Isla Verde. El recibidor de éste, era un largo callejón chino con tiendas ficticias a ambos lados, que terminaba en el puente sobre un río en el cual flotaban barcazas sampan
La decoración había sido parte del pabellón de Hong Kong en la Feria Mundial de 1964 en Nueva York, transportado en piezas a Puerto Rico y montado en el hotel. El paseo era una experiencia intensamente fascinante, y hasta te parabas a mirar las vitrinas llenas de productos que no estaban a la venta porque sólo era una escenografía, pero de todos modos llamaban la atención. 
Una vez cruzabas el puente entrabas al salón comedor, decorado tan pobremente sóbrio, que desvirtuaba la entrada completamente. Yo hubiera preferido cenar en el recibidor, en medio del bullicio de aquél zaguán. En la remodelación del hotel a principios de los 2000, eliminaron ese restaurante y según cuentan, el pabellón desmontado está guardado en un almacén.

Foto suministrada. DR.
Los productos chinos en la Isla
Hay pequeños mercados chinos en la ciudad capital, en donde consigues desde comida hasta adornos y ropa. Alguno que otro inclusive tiene área de comedor para almorzar mientras compras. También muchos supermercados locales tienen una  sección dedicada a productos orientales.

Si quieres productos verdaderamente particulares, lo mejor es ir al suplidor. Wah Mey, en la salida de San Juan hacia Cataño, es seguramente el más grande, y quien abastece a los mercados pequeños. Tuve la oportunidad de visitarlos en su antiguo local, y en realidad fue una experiencia única pasear entre toda la variedad, chequear los utensilios, y entrar al frigorífico en donde guardan rarísimos productos frescos y congelados.

La comida china en occidente
Arroz frito con vegetales. Kimpo Garden, San Juan PR.
Dicen los que saben, que la comida china que conocemos en América no es exactamente igual a la que comen en el lejano continente, sino su occidentalizada versión, y hemos visto varias diferencias en nuestro recorrido. En sitios de mucha población china, como en los barrios chinos de las grandes ciudades, es posible conseguir los más parecidos manjares.

Foto suministrada. DR.
Así que la próxima vez que visites el barrio chino de Nueva York, o San Francisco, Madrid o Londres, no busques los vistosos restaurantes para turistas sino que adéntrate en los pequeños cafetines en que comen los locales, y aventúrate a probar los platos desconocidos para que veas qué brutal se come.

“Con la buena comida, se siente un aroma y una  mirada diferentes: a veces pura como las nubes de otoño, a veces bella como el ámbar.  No es necesario tocarla con la lengua o los dientes para detectar su exquisitez”.  -Menú de Su Yuan, Yuan Mei, siglo once.

A continuación te incluyo una de las exclusivas recetas del Emperador. ¡Buen Provecho!  ¡Song Hay!

Zha Li Rou
Costillitas al estilo de la Campiña
Foto suministrada. DR.
Uno de los periodos más importantes en la cocina china fue durante la dinastía Song (1126-1279 D.C.) del sur del país. La Corte Imperial daba grandes banquetes con cientos de platos. Entre ellos encontramos costillitas marinadas en miel de abeja, cocidas y finalmente fritas, que te darán una muestra del esplendor gastronómico de la Corte Song. Todos los ingredientes están disponibles en los supermercados locales. 

Ingredientes:
1 1/2 libras de costillas de cerdo hervidas en agua por 5 minutos.
1 1/2 tazas de caldo de pollo
2 tazas de aceite de maní
Marinado:
1 cucharada de miel de abeja
1 1/2 cucharadas de vino de arroz o jerez
2 cucharadas de salsa soya liviana 
1 cucharada de vinagre de arroz
1 cucharada de azúcar
1 cucharadita de sal
Pimienta a gusto

Procedimiento:  
Cubre las costillitas en el marinado y deja reposar por 30 minutos.
Cocínalas con el caldo de pollo en una olla tapada por 15 minutos.  Saca las costillitas con un cucharón ranurado, y reduce el caldo hasta que esté a punto de sirop (más o menos 15 minutos). Devuelve las costillas a la olla y cúbrelas con la salsa. Sácalas y deja que se sequen al aire por 1 hora.
Calienta el aceite de maní en el wok y fría las costillitas hasta que estén doradas y crujientes. Escurre en papel toalla y sirve inmediatamente.  Sirve a 4 como entremés y a 2 como plato principal.


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sábado, 17 de diciembre de 2016

Uno, dos, tres... ¡Ponchao!

Un “ponche” era una bebida que preparaba mi abuela. Batía una yema de huevo con azúcar hasta que tenía una crema suave, le añadía leche fría, un poco de sal, esencia de vainilla, y me lo daba para remediarlo todo... desde hambre hasta fiebre alta. 

Supe de alguna gente lo tomaba con “mosto” o jugo de uva en vez de leche, pero nunca probé esa versión ni tengo intenciones de probarla. Una yema de huevo cruda con jugo no me apetece.




El Ponche Romano
Ponche Romano en La Ceiba, San Juan de Puerto Rico.
Cuando empezaron a abrir algunas reposterías españolas en San Juan, como La Ceiba, Kasalta y España, de repente el ponche era una confección con bizcocho, cremas, dulces y almíbares llamado ‘Ponche Romano’. 

Es un postre vistoso por la manera y el tamaño en que lo montan, y llama la atención por la complejidad que representa, e incluye desde segmentos de tocino del cielo, hasta capuchinos. Los bordes tiene almendras y otras nueces rebanadas, y en general es un postre bien postre.


El Ponche Segoviano
Ponche Segoviano en El Mesón de Cándido, Segovia.
En un reciente viaje a Madrid, encontré un tercer ponche: el Segoviano. Éste resulta ser otra confección tradicional de bizcocho, con mazapán y crema pastelera, cubierto de un azucarado con segmentos caramelizados bruleé en forma de diamante. Aunque es más modesto que el romano, sigue siendo llamativo por lo complejo. La versión del ponche Segoviano que probé fue la del Mesón del amigo Cándido, y eso de por sí aseguró una experiencia extraordinaria.


El Ponche “Trifle”
El trifle, la versión inglesa, tiene algo que ver con ésto porque lleva los mismos ingredientes básicos del ponche, aunque montado de forma diferente. El trifle se prepara en un envase de cristal en forma de copa, en el que se distinguen las capas de crema, bizcocho y frutas por los lados. En este caso se diseña de tal manera que las frutas, las capas de bizcocho y cremas se vean elegantes por los bordes. De hecho, en Austria y Alemania, al trifle se le llama Punschtorte. “Punsch”... ¿get it?

La experiencia del montaje
Este pasado Día de Acción de Gracias me comprometí a llevar un postre a la cena familiar, para obligarme a preparar uno de los ponches, fotografiar el proceso para finalmente escribir este texto. Ya a última hora me decidí por el trifle que me pareció ser el más fácil de hacer. Opté por una versión con la combinación clásica “neapolitana” de vainilla, chocolate y fresas. 

Estaba un poco tarde y aunque quería preparar el bizcocho y la crema pastelera desde cero, tenía que adelantar en algo. Recordé una conversación que tuve con Jaques Pepìn, el famoso chef francés, que me dijo “Mira Jose, a veces hay que echar mano de productos que ya vienen a mitad de preparación: Vegetales cortados y congelados, masa para tartas o crema batida. Piénsalo como si ese trabajo lo adelantara tu sous-chef, y tu lo que haces es terminar el plato.” Esta idea, por lo menos me quitó un poco de presión sobre el proyecto. Si lo dice el respetado Monsieur Pepìn, que inclusive escribió el libro de cocina The Short-cut Cook basado en este concepto, es algo completamente aceptable.

De los cuatro ingredientes que necesitaba: bizcocho de chocolate, crema pastelera, fresas frescas y crema batida, pensé que podía usar un bizcocho instantáneo.  De todos modos conseguí uno de calidad, y le añadí cocoa en polvo para quitarle el sabor “a cajita”. 

Para el montaje planifiqué hornear parte del bizcocho en un molde redondo del tamaño de la copa, y la otra parte en uno cuadrado para poder cortar rectángulos que sirvieran de rayas verticales. En el momento de montarlo le añadí un poco de almíbar infusionado con canela para compensar el dulzor que le quité echando la cocoa amarga, y con todo y eso no quedó muy dulce.

Corté por la mitad las fresas con que iba a decorar el borde, y en pedazos más pequeños las que iban a quedar escondidas. El postre no se sirve en lascas cortadas, sino con un cucharón así que me interesaba que los pedazos fueran lo más pequeño para la facilidad a la hora de servir.



La crema pastelera, es otra receta clásica que nunca había intentado hacer, y fue un proyecto en sí. Seguí la receta al pie de la letra, y en par de momentos estuve convencido de que se había dañado... pero finalmente - y como por arte de magia - de repente cuajó. El sabor, que tampoco era extremadamente dulce, me dio un par de ideas sobre la próxima vez que la intente, porque la voy a hacer - una vez con ralladura de limón, otra con chocolate, y también de café.

A última hora también opté por la crema batida comercial, más bien por la manera de transportar el postre. Pensé que si terminaba de decorarlo en la casa, iba a llegar a la cena demasiado maltratado. Lo monté hasta el borde, tapado con una lámina de plástico y me llevé la crema batida y las cerezas aparte para montarlo al llegar.


Finalmente el postre fue un éxito en la cena. No solamente porque era delicioso, no era demasiado dulce, y sobre todo, la manera de servirlo por cucharadas como si fuera mantecado, resultó ser algo innovador. Ahora a ver si me atrevo a meterle mano al montaje de los otros ponches, incluyendo al de mi abuela. Ese no es difícil de preparar, y yo a veces necesito algo que lo remedie todo... desde el hambre hasta la fiebre alta.



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