sábado, 4 de febrero de 2017

El Año del Gallo Rojo

Detalle de biombo Coromandel. Colección privada.
Recuerdo haber subido con mis padres por una imponente escalera iluminada a media luz, que dejaba entrever cuadros tallados en palo de rosa y marfil, con pagodas de jade, coral, y marcos laqueados en oro.

Foto suministrada. DR.
En la antesala al salón comedor nos recibieron cuatro biombos coromandel y un solemne personaje vestido de etiqueta que nos llevó a la mesa.  Allí, bajo una lámpara de paneles de seda pintados a mano y borlas rojas colgadas de la boca de ocho feroces dragones, tomé mi primera sopa de mariposas. Yo tenía seis años, y la primera cena en un restaurante chino cambió mi vida para siempre.

El Gallo Rojo ya no existe, pero siempre lo recuerdo con nostalgia cuando paso por la acera del edificio frente a la Ventana al Mar. Es un hermoso recuerdo de hace décadas, que incitó mi afición por la comida china.

El 28 de enero de 2017 comenzó el año nuevo chino, que se rige por un calendario de animales en vez de números como el occidental. Este año se celebra el año del Gallo, y la celebración dura más de una semana.

Pollo al Limón.
Oriental Palace, Plaza Las Américas
Para muchos de nosotros, ese país lejano y legendario, se nos hace conocido por su comida. De hecho, la preferimos sobre muchas otras cocinas étnicas quizás más cercanas a la nuestra.  Pero, ¿A quién no le gusta un sabroso arroz frito con camarones, unas crujientes costillas agridulces o un delicioso pollo al limón? Te invito a que pasees conmigo y disfrutes de muchas cosas desconocidas y nuevas de este antiguo país.

Foto suministrada. DR.
La ruta de la Seda 
El comercio de seda y del té entre China y Europa dio paso a largos viajes a través de los continentes. Esto significaba la escasez de comida a mitad de camino, y hambre. La invención china de secar la comida, hizo mucho más llevaderas las rutas comerciales, ya que hacía fácil transportar y preparar comidas en el camino.

Foto suministrada. DR.
Dicen algunos historiadores que Marco Polo trajo la pizza y la pasta desde China, otros dicen que no es cierto, que vino del norte de Italia. “Sin embargo, la palabra Pizza en chino significa lasca de piel”, nos aclara la señora May Chow, comerciante de muebles y arte chino en San Juan, y quien lleva muchos años en Puerto Rico. 
Foto suministrada. DR.
“Por otro lado, los fideos en China se preparan justo antes de cocinarlos, fue Marco Polo quien al intentar llevar la pasta fresca a Italia, la dejó secar en el camino, descubriendo sin querer la pasta seca”, continúa, asegurando que muchos de los descubrimientos que han creado ancestrales polémicas son chinos.

Las Cinco Especias
Las grandes expediciones europeas además de telas y té transportaban especias, algo en lo cual el Oriente es millonario, y todo el otro lado del mundo ansiaba tener. Esto dio paso a varias guerras en nombre del aromático botín, e instó a Cristobal Colón a viajar en su busca, descubriendo a América en su camino.
En China la comida se condimenta con muchas especias, sin embargo hay una mezcla muy particular que, como nuestro sofrito, aparece en muchas recetas. Es un polvo fino de Canela, Jengibre, Anis estrellado, Clavos de especias, Semilla de hinojo (fennel seed) y pimienta negra, molidos en cantidades ya determinadas, y se compra bajo el nombre de Cinco Especias. En Puerto Rico es posible conseguirlo en varios establecimientos comerciales, pero si quieres lo puedes hacer cambiando la proporción de las especias a tu gusto. 

Foto suministrada. DR.
La Cena del Emperador 
Desde el comienzo de la dinastía Shang, en el año 1480 antes de Cristo, el emperador de China tuvo un chef de cocina entre su personal. Fueron muchos los que subieron al poder mientras ocupaban esa posición dentro de la Ciudad Prohibida en Beijing, bajo la protección del “Hijo de los Cielos”. De la misma manera, muchos perdieron la cabeza, literalmente.

Plato rojo Mun Shou de Jiangxi.
Colección privada.
Aun siendo un secreto de estado, muchas recetas se escapaban hacia el resto del país y aquéllos que podían pagar los altos precios de sus ingredientes, disfrutaban de deliciosos manjares como la Aleta de tiburón, las Patitas de oso, los Sesos de mono y otras cosas que nos pueden sonar extrañas en esta parte del mundo, pero que son  exquisitos platos, dignos del emperador.

Tofú frito. Kimpo Garden, San Juan PR.
El Hijo de Vecino 
Para el ciudadano común la comida es distinta. Generalmente cuenta con cuatro platos e incluye una sopa, vegetales, carne o pescado y té.  En el norte de China la sopa se sirve después de la comida y es liviana, y en el sur se sirve antes de la comida y es picante. En el centro, en el área de Shanghai, se sirve en cualquier momento, y con arroz.

Matrimonio Frito
Foto suministrada. DR.
Hay muchos platos de los cuales se cuentan historias y anécdotas. Algunos pueden ser muy románticos y otros hasta un poco grotescos. El siguiente nos lo relató la Sra. Chow: Cuentan de un ministro de provincia apellidado Kwai y de su esposa, que eran muy malvados con sus súbditos. Éstos no podían hacer nada a pesar de que sufrían mucho a manos de tan infame pareja. Para desquitarse en la intimidad de su cocina, hacían dos rollitos de masa de pan que entrelazaban en forma de tornillo y los echaban a freír en aceite bien caliente, pensando que se lo hacían a Kwai y a su señora. El nombre de esta fritura que se come en el desayuno es Yu sa Kwai, que literalmente en castellano significa: Kwai frito en aceite, y es un híbrido entre una dona y un churro.

Foto suministrada. DR.
Dim Sum
Uno de los placeres más singulares en la comida de este país lo es el Dim Sum, algo parecido a las “tapas” en España. Una celebración entre amigos que más que un desayuno o almuerzo es una reunión en un restaurante que usualmente acomoda hasta mil personas.
Foto suministrada. DR.
Los mozos llevan pequeños carritos con distintos entremeses, de los cuales los comensales van pidiendo.  Al finalizar se cuentan los platos ingeridos y se paga de acuerdo. En un día normal los carritos pueden tener más de cuatrocientos tipos de comida. Imagínate cuántas veces hay que visitar el restaurante para poder probarlos todos. 
Domplines. Kona Grill, Mall de San Juan, PR.
Dim Sum significa “pequeñas joyas que abrazan el corazón”. Sin embargo, los chinos no lo ven como una merienda, sino como una cena completa. Entre los carritos se puede encontrar camarones en salsa picante, calamares, albóndigas y muchas más. De ahí el nombre de las “pequeñas joyas”.

El Wok
Foto suministrada. DR.
El utensilio más importante en la cocina china es el wok.  Un sartén redondeado que al ponerlo al fuego, concentra el intenso calor en un área específica del fondo. Esto permite escurrirle el aceite a la comida al arrimarla hacia los bordes e inclusive seguir cocinando otros ingredientes en la misma olla sin mezclarlos con los cocidos. El wok surge para la era de bronce, cuando los invasores mongoles utilizaban sus cascos de metal para cocinar en los campamentos. 

Foto suministrada. DR.
Otro utensilio importante es el vaporizador hecho de bambú, una cacerola en forma de anillo en cuyo fondo tiene una rejilla de palitos para que pase el vapor. Esto  se coloca encima del wok con agua hirviendo para cocinar los vegetales al vapor. Inclusive puede colocar tres o cuatro y hacer una comida completa a la misma vez.

Foto suministrada. DR.
Un plato importante por la unidad familiar que propicia, es el Hwo Kwo, o la “olla de Mongolia”. Es un hornillo en forma de aro con una chimenea en el centro que se lleva directamente a la mesa, y se cocina allí. Esta cacerola hecha de bronce es muy hermosa, y se utiliza en las festividades del Año Nuevo.

En Puerto Rico
Se dice que el primer restaurante chino en Puerto Rico fue el Cathay, en el segundo piso de un edificio en Miramar que estaba en lo que ahora son los jardines frente al Centro de Convenciones. 

Más tarde se mudó a Puerta de Tierra, en donde construyeron una pagoda frente al Parque Muñoz Rivera, y todavía sigue en funcionamiento. El edificio es un hito en el área, que se distingue por edificaciones icónicas antiguas estilo Viejo San Juan, y es el último en la avenida en que se encuentran el Ateneo, el Capitolio de Puerto Rico y la Casa de España.

Años más tarde se estableció el Ko-Bai en la esquina de las avenidas Roosevelt y De Diego en Puerto Nuevo, que cerró operaciones en los años 90; 
y el Fong Wong en la avenida Ponce de León al cruzar el Banco Popular Center y ya tampoco existe. En este momento hay centenares de restaurantes chinos por toda la isla, que van desde locales de mucho lujo, hasta de comida rápida.

Foto suministrada. DR.
Uno de los más celebrados fue el “Back Street Hong Kong” en el Hotel San Juan en Isla Verde. El recibidor de éste, era un largo callejón chino con tiendas ficticias a ambos lados, que terminaba en el puente sobre un río en el cual flotaban barcazas sampan
La decoración había sido parte del pabellón de Hong Kong en la Feria Mundial de 1964 en Nueva York, transportado en piezas a Puerto Rico y montado en el hotel. El paseo era una experiencia intensamente fascinante, y hasta te parabas a mirar las vitrinas llenas de productos que no estaban a la venta porque sólo era una escenografía, pero de todos modos llamaban la atención. 
Una vez cruzabas el puente entrabas al salón comedor, decorado tan pobremente sóbrio, que desvirtuaba la entrada completamente. Yo hubiera preferido cenar en el recibidor, en medio del bullicio de aquél zaguán. En la remodelación del hotel a principios de los 2000, eliminaron ese restaurante y según cuentan, el pabellón desmontado está guardado en un almacén.

Foto suministrada. DR.
Los productos chinos en la Isla
Hay pequeños mercados chinos en la ciudad capital, en donde consigues desde comida hasta adornos y ropa. Alguno que otro inclusive tiene área de comedor para almorzar mientras compras. También muchos supermercados locales tienen una  sección dedicada a productos orientales.

Si quieres productos verdaderamente particulares, lo mejor es ir al suplidor. Wah Mey, en la salida de San Juan hacia Cataño, es seguramente el más grande, y quien abastece a los mercados pequeños. Tuve la oportunidad de visitarlos en su antiguo local, y en realidad fue una experiencia única pasear entre toda la variedad, chequear los utensilios, y entrar al frigorífico en donde guardan rarísimos productos frescos y congelados.

La comida china en occidente
Arroz frito con vegetales. Kimpo Garden, San Juan PR.
Dicen los que saben, que la comida china que conocemos en América no es exactamente igual a la que comen en el lejano continente, sino su occidentalizada versión, y hemos visto varias diferencias en nuestro recorrido. En sitios de mucha población china, como en los barrios chinos de las grandes ciudades, es posible conseguir los más parecidos manjares.

Foto suministrada. DR.
Así que la próxima vez que visites el barrio chino de Nueva York, o San Francisco, Madrid o Londres, no busques los vistosos restaurantes para turistas sino que adéntrate en los pequeños cafetines en que comen los locales, y aventúrate a probar los platos desconocidos para que veas qué brutal se come.

“Con la buena comida, se siente un aroma y una  mirada diferentes: a veces pura como las nubes de otoño, a veces bella como el ámbar.  No es necesario tocarla con la lengua o los dientes para detectar su exquisitez”.  -Menú de Su Yuan, Yuan Mei, siglo once.

A continuación te incluyo una de las exclusivas recetas del Emperador. ¡Buen Provecho!  ¡Song Hay!

Zha Li Rou
Costillitas al estilo de la Campiña
Foto suministrada. DR.
Uno de los periodos más importantes en la cocina china fue durante la dinastía Song (1126-1279 D.C.) del sur del país. La Corte Imperial daba grandes banquetes con cientos de platos. Entre ellos encontramos costillitas marinadas en miel de abeja, cocidas y finalmente fritas, que te darán una muestra del esplendor gastronómico de la Corte Song. Todos los ingredientes están disponibles en los supermercados locales. 

Ingredientes:
1 1/2 libras de costillas de cerdo hervidas en agua por 5 minutos.
1 1/2 tazas de caldo de pollo
2 tazas de aceite de maní
Marinado:
1 cucharada de miel de abeja
1 1/2 cucharadas de vino de arroz o jerez
2 cucharadas de salsa soya liviana 
1 cucharada de vinagre de arroz
1 cucharada de azúcar
1 cucharadita de sal
Pimienta a gusto

Procedimiento:  
Cubre las costillitas en el marinado y deja reposar por 30 minutos.
Cocínalas con el caldo de pollo en una olla tapada por 15 minutos.  Saca las costillitas con un cucharón ranurado, y reduce el caldo hasta que esté a punto de sirop (más o menos 15 minutos). Devuelve las costillas a la olla y cúbrelas con la salsa. Sácalas y deja que se sequen al aire por 1 hora.
Calienta el aceite de maní en el wok y fría las costillitas hasta que estén doradas y crujientes. Escurre en papel toalla y sirve inmediatamente.  Sirve a 4 como entremés y a 2 como plato principal.


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sábado, 17 de diciembre de 2016

Uno, dos, tres... ¡Ponchao!

Un “ponche” era una bebida que preparaba mi abuela. Batía una yema de huevo con azúcar hasta que tenía una crema suave, le añadía leche fría, un poco de sal, esencia de vainilla, y me lo daba para remediarlo todo... desde hambre hasta fiebre alta. 

Supe de alguna gente lo tomaba con “mosto” o jugo de uva en vez de leche, pero nunca probé esa versión ni tengo intenciones de probarla. Una yema de huevo cruda con jugo no me apetece.




El Ponche Romano
Ponche Romano en La Ceiba, San Juan de Puerto Rico.
Cuando empezaron a abrir algunas reposterías españolas en San Juan, como La Ceiba, Kasalta y España, de repente el ponche era una confección con bizcocho, cremas, dulces y almíbares llamado ‘Ponche Romano’. 

Es un postre vistoso por la manera y el tamaño en que lo montan, y llama la atención por la complejidad que representa, e incluye desde segmentos de tocino del cielo, hasta capuchinos. Los bordes tiene almendras y otras nueces rebanadas, y en general es un postre bien postre.


El Ponche Segoviano
Ponche Segoviano en El Mesón de Cándido, Segovia.
En un reciente viaje a Madrid, encontré un tercer ponche: el Segoviano. Éste resulta ser otra confección tradicional de bizcocho, con mazapán y crema pastelera, cubierto de un azucarado con segmentos caramelizados bruleé en forma de diamante. Aunque es más modesto que el romano, sigue siendo llamativo por lo complejo. La versión del ponche Segoviano que probé fue la del Mesón del amigo Cándido, y eso de por sí aseguró una experiencia extraordinaria.


El Ponche “Trifle”
El trifle, la versión inglesa, tiene algo que ver con ésto porque lleva los mismos ingredientes básicos del ponche, aunque montado de forma diferente. El trifle se prepara en un envase de cristal en forma de copa, en el que se distinguen las capas de crema, bizcocho y frutas por los lados. En este caso se diseña de tal manera que las frutas, las capas de bizcocho y cremas se vean elegantes por los bordes. De hecho, en Austria y Alemania, al trifle se le llama Punschtorte. “Punsch”... ¿get it?

La experiencia del montaje
Este pasado Día de Acción de Gracias me comprometí a llevar un postre a la cena familiar, para obligarme a preparar uno de los ponches, fotografiar el proceso para finalmente escribir este texto. Ya a última hora me decidí por el trifle que me pareció ser el más fácil de hacer. Opté por una versión con la combinación clásica “neapolitana” de vainilla, chocolate y fresas. 

Estaba un poco tarde y aunque quería preparar el bizcocho y la crema pastelera desde cero, tenía que adelantar en algo. Recordé una conversación que tuve con Jaques Pepìn, el famoso chef francés, que me dijo “Mira Jose, a veces hay que echar mano de productos que ya vienen a mitad de preparación: Vegetales cortados y congelados, masa para tartas o crema batida. Piénsalo como si ese trabajo lo adelantara tu sous-chef, y tu lo que haces es terminar el plato.” Esta idea, por lo menos me quitó un poco de presión sobre el proyecto. Si lo dice el respetado Monsieur Pepìn, que inclusive escribió el libro de cocina The Short-cut Cook basado en este concepto, es algo completamente aceptable.

De los cuatro ingredientes que necesitaba: bizcocho de chocolate, crema pastelera, fresas frescas y crema batida, pensé que podía usar un bizcocho instantáneo.  De todos modos conseguí uno de calidad, y le añadí cocoa en polvo para quitarle el sabor “a cajita”. 

Para el montaje planifiqué hornear parte del bizcocho en un molde redondo del tamaño de la copa, y la otra parte en uno cuadrado para poder cortar rectángulos que sirvieran de rayas verticales. En el momento de montarlo le añadí un poco de almíbar infusionado con canela para compensar el dulzor que le quité echando la cocoa amarga, y con todo y eso no quedó muy dulce.

Corté por la mitad las fresas con que iba a decorar el borde, y en pedazos más pequeños las que iban a quedar escondidas. El postre no se sirve en lascas cortadas, sino con un cucharón así que me interesaba que los pedazos fueran lo más pequeño para la facilidad a la hora de servir.



La crema pastelera, es otra receta clásica que nunca había intentado hacer, y fue un proyecto en sí. Seguí la receta al pie de la letra, y en par de momentos estuve convencido de que se había dañado... pero finalmente - y como por arte de magia - de repente cuajó. El sabor, que tampoco era extremadamente dulce, me dio un par de ideas sobre la próxima vez que la intente, porque la voy a hacer - una vez con ralladura de limón, otra con chocolate, y también de café.

A última hora también opté por la crema batida comercial, más bien por la manera de transportar el postre. Pensé que si terminaba de decorarlo en la casa, iba a llegar a la cena demasiado maltratado. Lo monté hasta el borde, tapado con una lámina de plástico y me llevé la crema batida y las cerezas aparte para montarlo al llegar.


Finalmente el postre fue un éxito en la cena. No solamente porque era delicioso, no era demasiado dulce, y sobre todo, la manera de servirlo por cucharadas como si fuera mantecado, resultó ser algo innovador. Ahora a ver si me atrevo a meterle mano al montaje de los otros ponches, incluyendo al de mi abuela. Ese no es difícil de preparar, y yo a veces necesito algo que lo remedie todo... desde el hambre hasta la fiebre alta.



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sábado, 3 de septiembre de 2016

Si hay que moler vídrio, darling, que sea de bohemia.

La premisa de su primera novela es brillante. Cuando entiendes por qué su protagonista nunca muere, te cuestionas muchas cosas que siempre has creído “por fe”. Esa antigua tristeza lo estableció como un autor importante, e inclusive lo llevó a enseñar el arte de la escritura creativa a nivel universitario.

José Borges y yo somos amigos hace años por la web, y recientemente somos amigos en persona. Con contadísimas excepciones, siempre hablamos de comida. Que va a guisar un conejo ese finde, que consiguió una pata de cordero, que comió jabalí ayer... 


Foto suministrada.
– “Habiendo pollo, cerdo y res. ¿por qué siempre buscas carnes poco usuales, como el venado?” le pregunté.
– “Precisamente por la diversidad”, me contestó. “Me gusta probar con carnes exóticas.” 
– “Oye Jose... me gustaría hacer un artículo sobre el autor como aficionado a la cocina... ¿te atreves?”
– “Vamos a hacerlo.”
Supe que era un empedernido “cocinillas”, como se le llama a los foodies en España, un día que yo me quejaba de no conseguir una paellera, y él me dijo dónde conseguirla. Pensé “éste debe cocinar a menudo”. Más adelante compartió sus experiencias en la cocina, como autor, y como parte de la industria de la comida, en la cual en un momento incursionó.

Originalmente estudió Administración para Empresas de Aviación, en la Florida. Al  graduarse, se mudo cerca de la sede de la compañía de aviones Boeing en Seattle, Washington, pensando que era el paso lógico. En lo que esperaba que lo reclutaran tomó un curso de bartending y comenzó a trabajar en distintos locales de bebida y comida, en los cuales se se contagió con el interes por la gastronomía. Su carrera en las aerolíneas no prospero, pero en la industria de comida y bebida enseguida alzó vuelo.

Comenzó como bartender en el aeropuerto de Seattle y de allí pasó a un puñado de restaurantes de la ciudad. Una vez en Puerto Rico, ocupó varias posiciones en el hotel Westin - ahora Gran Meliá- desde Supervisor de Comida y Bebida en los Restaurantes Marbella y Coquí, hasta Coordinador de Eventos en el Campo de Golf, y finalmente en Santillana.

Uno de los eventos clave en su interés por la comida, fue una convención de chefs en donde compartió con expertos de la talla de Wilo Bennet y Jesús Ramiro. Con este último estuvo de un seminario de preparación de paellas. A raíz de esto se interesó por experimentar con la cocina española, “vino, tapas... recetas que quería intentar”, comenta. También se interesó por las recetas italianas “como los bocatinni amatricciana, que preparo con pancetta y pique, que en casa gustan mucho”. Ya con un fuerte bagaje en la industria de la gastronomía, estuvo cinco años en el desaparecido restaurante argentino Ummo en el Condado, la parte turística de San Juan.

Para esa época contrajo matrimonio con Alexandra Rodríguez, con quien tiene su hija llamada Melián, de tres años. En su viaje de luna de miel viajaron a Praga, porque les sedujo la canción “Cristales de Bohemia” de Joaquín Sabina. 
Praga, barrio de Malå Strana. Foto suministrada.
En el Puente de Carlos aprendí 
a rimar cicatriz con epidemia, 
perdiendo los modales: 
si hay que pisar cristales, 
que sean de bohemia, corazón. 
Ay! Praga, Praga… Praga 
donde el amor naufraga 
en un acordeón. 
Ay! Praga, darling, Praga 
los condenados pagan 
cara su rendención. 
Tomaron del famoso vino de Moldavia, y como en otoño es la temporada de caza, celebraron comiendo venado. Desde ahí continuaron viaje en un crucero mediterraneo, de Barcelona a Italia, y regresaron a Madrid.

En la larga conversación que tuvimos, hablamos de muchas comidas exóticas y algunos de los restaurantes que las sirven en Puerto Rico, como La Cucina Italiana di Franco e Gemma en Toa Baja; Hummo en el Condado; La Bodega Vasca en Guaynabo; El Asador de San Miguel en Naranjito; El Mesón de Melquiades en Cayey. Alguno que inclusive ha celebrado un Festival de la carne exotica, en el cual han incluído bisón y avestruz.

Foto suministrada.
En su casa, como chef, prepara algunas carnes que consigue a en los lugares tradicionales, como cordero en Supermax y venado en Fresh Mart. Explica que por el sabor fuerte que tienen estos cortes, el condimento que utiliza es bien básico: Sal kosher, pimienta, mantequilla y aceite de oliva. “Tomillo, romero para alguna carne... orégano para las salsas, y menta”, explica. Con lo que no puede bregar es con los postres, probablemente por la estricta química que hay que seguir para confeccionarlos. “Seguir reglas no me apela, como los escritores,” comenta.

Foto suministrada.
Una vez terminada su Maestría, en el 2010 publicó su novela Esa Antigua Tristeza basada en la vida del personaje bíblico Lázaro, después de que Jesús lo rescata de la muerte. Ese mismo año el periódico El Nuevo Día la seleccionó como una de las tres mejores novelas publicadas y ganó el premio Mejor Novela en los premios del PEN Club de Puerto Rico. 

Foto suministrada.
En el 2013 publicó su segundo libro, Fortaleza, una historia basada en la escena política de Puerto Rico. Ya pronto sale a la luz su próxima novela que trata el tema de alimentación y la gastronomía. Mientras eso pasa, a Borges se le puede leer en la reseña literaria y en editoriales del periódico El Nuevo Día. También en el Campus de la Universidad del Sagrado Corazón, en donde es profesor.
Para nuestros lectores, José ha ofrecido una sabrosa receta fácil de hacer para cambiar la rutina de la res, el cerdo y el pollo: Pata de cordero con menta y queso de cabra, que reproducimos al final del artículo.

Para conseguir carnes exóticas
Foto suministrada.
“Casi toda la carne exótica se consigue por temporada, como el venado,” comenta José A. Pérez de Inland Specialties, una compañía que por más de veintitrés años se ha dedicado a la importación de ese tipo de carne a Puerto Rico. “Hay otras, como el búfalo, que están disponibles en cualquier momento y vienen en distintas alternativas y cortes como los short ribs y las hamburguesas. El cordero y el jabalí también se pueden comprar durante todo el año”.
En una presentación para chefs a la que fuimos invitados hace varios años, Pérez hizo una demostración de todas las carnes. En aquel momento asaron las muestras para que los participantes probaran las diferentes texturas, sabores de los cortes y los utilizaran en sus restaurantes. En Puerto Rico son varios los locales que ofrecen las carnes exóticas como parte de su carta regular.
Foto suministrada.
“Otras carnes que son muy solicitadas son el canguro, el cocodrilo y las ancas de rana”, explica. “Aparte de las aves que son más fáciles de conseguir en el mercado, como el avestruz, el ganso, las codornices y los patos.”
Para asegurar la frescura de las carnes, Inland Specialties importa los pedidos en el momento en que se hace la orden, y la entrega a más tardar dos o tres días después. Para mayor información y órdenes, te puedes comunicar con José A. Pérez por e-mail a: inlandspecialties@gmail.com.

Para cultivar la menta
Yerbabuena (spearmint)
La menta es un género herbáceo en las que se incluyen varias plantas, entre ellas el híbrido que conocemos como menta común (Peppermint en inglés, de nombre botánico Mentha × piperita), y la yerba buena (spearmint en inglés, de nombre botánico Mentha picata). Son de origen Europeo y se utilizan a través de todo el mundo para la confección de guisos, tragos (como el mojito cubano) y hasta en productos dentales.
Menta (peppermint).
“Ambas plantas tienen un cultivo muy similar”, comenta Carlos Morales del Jardín Selecto en Río Piedras. “Es necesario sembrar la menta en una tierra que retenga humedad, como en el jardín. Si la vas a tener sembrada en tiestos, tienes que regarla a diario porque no aguanta mucho tiempo sin estar húmeda”. 
Morales usualmente tiene varios tipos de menta en distintos tamaños para la venta, con precios que comienzan en menos de dos dólares.
La planta debe estar a puro sol, y se propaga ella misma a través de los tallos que le cuelgan, y una vez tocan la tierra, echan raíces.

La Receta de Borges:

Pata de cordero con menta y queso de cabra
Ingredientes
Foto suministrada.
Aceite de oliva
Sal y pimienta a gusto
Hojas de menta picaditas
Queso de cabra
Pata de cordero deshuesada y abierta

Preparación
“Lo que hago es muy sencillo. Abro la pata de cordero, le echo sal y pimienta, luego esparzo el queso de cabra,” me explica. “Cubro el queso con la menta, cierro la pata y la amarro. Sal y pimienta por fuera, con un un poco de aceite de oliva, y para el horno es que va.”

Hornea por 15 minutos en un horno precalentado a 450º F.
Reduce la temperatura a 375ºF, y continúa asando hasta que el termómetro de carnes introducido en la parte más gruesa de la pieza marque 130º, que debe ser cerca de 20 minutos. Deja reposar y corta en lascas.

“Esta es mi adaptación de una receta de Gordon Ramsay, solo que él utiliza el lomo de cordero porque en Inglaterra los carniceros trabajan más esa carne,” finaliza.


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