viernes, 3 de abril de 2020

La joya del libertador

El Libertador, 1860 por Aita (Rita Matilde de la Peñuela) 
Oleo sobre canvas 107x 69 cm. Colección 
Banco Central de Venezuela. Foto suministrada. D.R.
El guardia me apuntó con su revolver mientras pedía refuerzos por el walkie-talkie, y en cuestión de segundos yo estaba rodeado por media docena de oficiales de la seguridad del Banco Central de Venezuela. La situación sugería que habían abortado un atentado contra la República, y ellos habían capturado al  extranjero sospechoso, como si yo fuera McVey en Oklahoma. A todas luces esto era como una película de Stallone.

La realidad era que yo estaba dentro de la bóveda del banco a invitación del Presidente de la institución, que le dio instrucciones a su secretaria de que me llevara a ver la exhibición de joyas. 

Banco Central de Venezuela, Caracas.
La joven me llevó al lugar un par de pisos más abajo, me dijo que la esperara y se fue. Una hora más tarde y harto de esperar por la mujer y de mirar joyería, decidí salir de la bóveda y preguntarle al guardia que cuidaba la entrada del piso cómo llegaba a la oficina Presidencial. Ahí se desató el caos.

El Arquitecto Oscar Niemayer.
Todo empezó cuando yo regresaba de Brasil en donde estaba, entre otras cosas, haciendo un trabajo sobre la ciudad de Brasilia y su arquitecto Oscar Niemeyer para la Universidad. 

El Palacio de Itamaraty: Ministerio de Relaciones Exteriores, 1970; y el Palacio da Alvorada: Residencia del Presidente, 1957 Brasilia. Diseños: Arq. Oscar Niemeyer. Fotos suministradas. D.R.
Museo de Arte Moderno, Caracas, 1954.
Diseño: Arq. Oscar Niemeyer. Foto suministrada. D.R.
A la vuelta, decidí quedarme una semana en la casa de mi madrina en Caracas, para aprovechar y llegarle a un museo que había diseñado Niemeyer en esa ciudad. 

Museo de Arte Moderno, Caracas, 1954.  
Diseño: Arq. Oscar Niemeyer. Foto suministrada. D.R.
Del edificio sólo había visto fotos, y era una espectacular  pirámide invertida: la parte de arriba era bien ancha, y lo que tocaba el piso era la punta, balanceada en el borde del precipicio de una montaña. Esto había que verlo.

Museo de Arte Moderno, Caracas, 1954.  
Diseño: Arq. Oscar Niemeyer.
Foto suministrada. D.R.
Nadie en Caracas sabía o había escuchado de tal edificio. Mi tía, que era una mujer muy conocida, llamó a uno de sus amigos que casualmente era el presidente del Banco Central, lo que en Estados Unidos es el Departamento del Tesoro, quien le dijo que llegáramos a su oficina para averiguar. 

Museo de Arte Moderno, Caracas, 1954. Diseño: Arq. Oscar Niemeyer. Foto suministrada. D.R.
Desde allí hizo par de llamadas a otros ministerios de gobierno, hasta que finalmente nos explicaron que el museo se quedó en planos y que las fotos publicadas eran de una maqueta de presentación colocada en el solar.

Condecoración Sol del Perú - Realizada en brillantes e impuesta a Simón Bolívar por el ilustre protector del Perú, General José de San Martín, y fundador de la orden del Perú. La entrega se llevó a cabo en una histórica entrevista que celebraron ambos próceres en Guayaquil, en julio de 1822. Foto suministrada. D.R.
Como premio de consolación el señor Presidente sugirió mostrarme “El Sol de Perú”, un broche otorgado al libertador Simón Bolivar por el General José de San Martín por su ayuda para lograr la independencia de Perú. La joya, de cuarenta rayos en oro recubierto con 566 brillantes, vale varios millones de dólares. 

Exhibición de la Joyería Nacional, Banco Central de Venezuela,
Caracas. Foto suministrada. D.R.
Para guardarlo, el banco construyó una bóveda en donde también guardan otras piezas de joyería que son parte del tesoro Nacional, y que funciona como una sala de exhibiciones. No estoy para nada interesado en ver joyería, pero acepté la invitación por curiosidad y me fui con la secretaria.

Un rato más tarde el señor Presidente llegó con mi tía y su secretaria a rescatarme a la oficina de seguridad en el sótano, a donde me habían llevado y donde yo trataba de explicar infructuosamente por qué estaba allí y pidiendo que llamaran a la oficina presidencial para confirmar. Los confundidos guardias, que nunca habían tenido que llamar a la Oficina del Presidente para nada,  no sabían ni por dónde empezar.

Finalmente el señor disculpó la indiscreción de su secretaria de dejarme sólo sin avisar - supongo que le dieron tremendo regaño - y todo el mal rollo, ;por suerte, quedó ahí.


Mira las imágenes del Museo de Niemayer en 3ra Dimensión


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jueves, 2 de abril de 2020

Focaccia en “real-time”

Me encantaría hacer pan, pero siempre uso la excusa de que no tengo tiempo para esperar a que la levadura trabaje. La verdad es que siempre tengo algo que hacer, y si hay que esperar hasta el próximo día para que la masa crezca, no voy a hacerlo porque seguramente va a aparecer un imprevisto que cambie mis planes, la masa se va a dañar... y todo ese mal rollo. 

Hoy, buscando entre mis libros me encontré la receta de una focaccia rústica que se veía riquísima, tenía en casa todos los ingredientes y se tardaba sólo dos horas. ¿Dos horas? Antes eso era la eternidad para mi, sin embargo, en medio de la cuarentena a causa del Coronavirus, tengo ese tiempo y mucho más.

La focaccia es un pan que usualmente lleva vegetales integrados a la masa. La he comido muchas veces, inclusive la he preparado con masa pre-hecha, pero nunca la había hecho desde cero. Esta es la primera vez, y estoy escribiendo mientras espero a que la masa crezca. Este artículo va a ser “Real-time”.

Hablando de los ingredientes
Lo más impresionante es que hoy tengo levadura. Te digo que he estado pensando en hacer pan, así que hace poco salí a buscarla. 

También tengo tomates secos. Resulta que eso los compro en bolsas mega-secos, y cuando llego a casa los pongo en un envase sellado de cristal, sumergidos en aceite de oliva extra virgen. Se mantienen por años (no que yo los deje años, pero por lo menos uno porque no los uso tanto), siempre los tengo a la mano y al final, el aceite está infusionado con un sabroso gusto a tomate seco.

Lo mismo hago con las aceitunas negras, que me encantan. Usualmente las compro enlatadas y lo que sobra después del primer uso, lo guardo en aceite y de vez en cuando pico con un poco de queso y tostadas. Sí me aseguro de lavarlas y secarlas antes de ponerlas en aceite. Igual, duran mucho tiempo.

Del romero
Es mi hierba favorita, y tengo una planta bellísima. Te cuento que siempre que compraba una planta de romero terminaba en la basura, seca o podrida. Pues resulta que mientras escribía el artículo “...y el aroma del romero”, le consulté a Carlos Morales, nuestro colaborador de horticultura, y me explicó el truco que tenía que hacer para que no se me muriera la planta. 

Eso hizo toda la diferencia, y ahora tengo un arbusto de algunas 24” de alto, y romero para lo que se me antoje. A veces lo podo, y las ramas que corto las pongo a secar amarradas con cordón, colgando en el tablillero de la misma cocina.

Si quieres saber el truco de Carlos, chequea el artículo, que además tiene una sabrosa receta del chef Juan Carlos Ramírez de Arellano.

Te confieso que olvidé poner el ajo, aunque tengo varias cabezas que compré hace unos días. Como ya sabes, me estreso mucho tratando de hacer bien la receta y siempre me pasa algo. Ni modo.

Al juez de la casa le encantó
Finalmente la focaccia quedó espectacular, y a mi perro Chocolate, que es el juez de lo que cocino, le encantó.

Seguramente por la conversión de grados de “celsius” a “farenheit” hice algo incorrecto, pero lo tuve que sacar del horno a los veinte minutos, cuando la receta especificaba que tardaba media hora. La receta que usé es Europea y antes de empezarla tuve que hacer la conversión de grados y medidas. 

Otra que puede ser es que la horneé en un horno pequeño tostador y posiblemente eso haga una diferencia. ¿Recuerdas que te dije que no hago pan para evitarme el mal rollo? Pues eso de prender el horno regular, sacar los moldes que tengo almacenados adentro - y después volverlos a guardar es parte integral de ese rollo.

La receta
Lo que sigue es la receta de la focaccia por si te animas. Incluyo las medidas que convertí y que me parecen correctas. Corregí la temperatura del horno para que esté más cerca de la realidad. De todos modos cotéjalo a eso de los veinte minutos y “play it by ear”. Me cuentas.

Focaccia de tomate, romero y aceitunas negras  
Ingredientes: 
3 1/4 tazas de harina 
7 onzas de agua tíbia 
1/4 taza de aceite 
1 cucharada de levadura
1 cucharadita de sal 
1 tomate picado y sin semillas
3 tomates secos picados
10 aceitunas negras picadas
2 dientes de ajo picados
1 rama de romero picado
3 cucharadas de aceite de oliva

Procedimiento:
Echa el agua, el aceite y la levadura en un bowl, y mezcla hasta que ésta se disuelva. Deja reposar diez minutos hasta que haga una ligera espuma. Añade la harina y la sal, y  amasa hasta lograr una masa elástica. 

Tápala con un paño y déjala reposar una hora en un sitio tíbio hasta que duplique el volumen.

Amasa y añade los tomates frescos picados sin semillas, incorporándolos a la masa. Añade los tomates secos, el ajo, las aceitunas negras y el romero. 

Yo fui poniendo los vegetales y enrollando, estirando y volviendo a enrollar y se hizo bastante fácil.

Mezcla la masa con todos los ingredientes y estírala hasta que quede de media pulgada de grueso, con un rodillo.

Coloca encima de un molde de hornear y píntala con el aceite de oliva. Deja reposar durante treinta minutos en lo que vuelve a crecer. Precalienta el horno a 350 F grados y hornea durante media hora.


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Si vieras las vieiras

Nota: Este texto está escrito en marzo/abril de 2020, durante la cuarentena de la pandemia de Coronavirus, en San Juan de Puerto Rico. Relata la anécdota de unos años atrás.

El maître d' vino a recibirme a la entrada de aquel rojísimo restaurante y me guió hasta una mesa a mitad del comedor, en una sección alta, desde donde se divisaba panorámicamente todo el salón. No había un alma excepto aquel señor y yo. 


Sin siquiera haber mirado el menú luego de pedir algo para tomar, llegó el mesero y me puso enfrente lo que entendí que era un amouse-bouche, el concepto de una tapa española, pero en francés: una vieira salteada al ajo en su concha. “Se lo envía el chef, porque usted es el primer comensal de la noche,” me dijo cuando lo miré con cara de yo-no-pedí-esto.

Ok, trágame tierra porque este molusco es algo que nunca he probado, no creo que me vaya a gustar, estoy asqueado y me lo tengo que empujar. No voy a pasar la vergüenza de devolverlo a la cocina... porque me deben estar mirando.

Percebes en la pescadería de
El Corte Inglés en Madrid. $34.34 la libra.
La realidad es que aquel platillo estuvo espectacular y de ese día en adelante no sólo vivo enamorado de las vieiras, sino que me he permitido probar cosas nuevas que de otra manera no probaría porque soy muy difícil, usualmente mariscos. Todavía no he tenido el valor de meterle mano a los percebes, que creo que son una de las comidas más feas que existe en el universo y pueblos limítrofe, pero igual no lo descarto del todo porque me cuentan que son sabrosos.

Rojo Charlotte
El restaurante Savannah Red en la ciudad de Charlotte ya no existe. Aparte de aquel scallop, creo que comí alguna pasta pero no lo tengo claro, como tampoco recuerdo qué tomé, ni postre ni nada.  Lo demás no fue memorable y ni siquiera le tomé fotos, por el susto.



Esa tarde había bajado de mi habitación del hotel con intención de comer algo ligero para regresar a dormir. A la mañana siguiente tenía un seminario importante y debía madrugar. Llegué a la recepción y un impresionante diluvio no me dejó salir del edificio. La ciudad es bastante dispersa y para llegar a cualquier sitio tenía que caminar en la lluvia un buen rato, así que opté por cenar en el restaurante del mismo Marriott City Center.

Mi visita a South Carolina era para participar de la convención anual de USITT, el Instituto Norteamericano de Tecnología Teatral, una entidad que aglomera a los diseñadores y técnicos del teatro: escenógrafos, iluminadores, de vestuario, maquillaje y efectos especiales; y los profesores de esas materias. 



Ciertamente la educación continuada me vino muy bien para estar al día en la tecnología. ¿La ciudad? Bellísima, pero no tengo nada más que buscar allí. Been there.

Si vieras las veneradas vieiras...
Las vieiras que llegan en la mañana se sirven en 
el plato del mediodía. Restaurante Bols de Jean en 
las rues de Choiseul, Fauborg Poissinniere y de la Boétie, 
en Paris. Foto del restaurante en Instagram. D.R.
Se le suele llamar con la palabra gallega vieiras, porque en Galicia son abundantes, pero en castellano a esa concha se le llama venera, y ambos nombres derivan de Venus, la diosa del amor - pero de esto hablamos en un rato.

Ojos de la vieira. Foto suministrada. D.R.
Su género dice que son bivalvos, que en español significa que tiene dos conchas. También tiene un gozne que las une y le permite abrir y cerrar para desplazarse impulsándose, y para comer. Esto, a diferencia del carrucho o los escargots, que tienen sólo una concha y un hueco por donde salir. Sus doscientos ojos están por todo el borde y son azúles. Si te preguntas para qué necesitan ojos, pues fácil: para ver hacia donde van y si viene alguien.

Vieira de la bahía de Nantucket.
Foto por el chef Vinson Petrillo, en Instagram. D.R.
En términos generales la vieira parece un malvavisco “marshmallow” aplastado, aunque no es suave y cremoso porque es una pieza de marisco. Claro, y tampoco es dulce. Tiene un ligero sabor a mar, muy agradable para los que preferimos eso al fuerte sabor de las algas del sushi.

No voy a entrar a los detalles de cómo se limpia porque es un poco complicado, no estoy muy claro ni me apetece hacerlo. En concepto la cosa es abrir la concha despegando el molusco con un cuchillo, y luego limpiarla de todo lo que tiene alrededor - a veces con excepción de un saco de huevillos rojos (caviar, coral, roe) que alguna gente se come. Coteja la imagen que acompaño para que tengas una idea de lo que puedes encontrar si te decides a prepararlas.

La vieiras se alimentan de plankton microscópico que filtran para extraer sus nutrientes, y que son organismos de origen animal o de plantas. Precisamente su sistema de alimentación puede hacer al molusco peligroso, por ejemplo en época de la llamada “marea roja” en que el agua contiene organismos perjudiciales para el ser humano, y que se quedan alojados en la vieira al alimentarse. Es preferible comprar el molusco cultivado, porque así vas a la segura.

La concha como símbolo
A través de todo el mundo, la concha de la venera ha sido utilizada como imagen, ya sea religioso, de la realeza o sexual. Veamos:

El Camino de Santiago
Santiago. Foto suministrada. D.R.
La concha de la vieira es el emblema tradicional de Santiago (el santo), y es reconocido por los peregrinos que hacen el trayecto del Camino de Santiago, hacia la catedral de Compostela en Galicia. 


Logo del camino de Santiago. Foto suministrada. D.R.
En la Edad Media, la ruta jacobea no terminaba en Compostela, sino que se prolongaba hasta Finisterre.  Allí los peregrinos cogían una venera que llevaban de vuelta cosida en la ropa como prueba de su peregrinación.

Estatua de Santiago en el
vestíbulo de la iglesia de
St. James en Nuremberg.

Foto suministrada. D.R.
Dos leyendas que hacen referencia al santo Santiago tienen que ver con el carapacho del molusco. La primera cuenta que en una ocasión el apóstol salvó a un caballero que estaba cubierto de vieiras. La versión alterna dice que cuando transportaban los restos del santo desde Jerusalem hasta Galicia, el caballo se cayó en el agua y surgió cubierto de conchas. Vaya usted a saber.



En la actualidad, la venera sigue siendo un símbolo del Camino y un ícono que lo identifica. Una venera gráficamente esquematizada cuyos rayos simbolizan una estrella o los caminos que conducen a Santiago, es el logotipo de la ruta. 

Catedral Santiago de Compostela,
final del Camino. Foto suministrada. D.R.
Para los Céltas, la venera parecía un sol en poniente, lo que dio paso a varios ritos del área. En la era pre-cristiana, el precursor del Camino de Santiago era un peregrinaje mortal hacia la puesta del sol en el oeste, que terminaba en el fin del mundo, Finisterre, en la Costa de la Muerte ‘Costa da Morte’ y el tenebroso “Mar de la Oscuridad” (conocido también como el Abismo de la Muerte, y el Mare Tenebrosum en latín), y que finalmente toma el nombre de Océano Atlántico de la civilización de Atlantis.  


Finisterre. Foto suministrada. D.R.
En tiempos antíguos y antes del descubrimiento de América se pensaba que Finisterre, “el final de la tierra”, era el punto terrestre más próximo al imaginario abismo; que la tierra era plana y en el borde te podías caer hacia la nada. ¡Huy!

El mismo nombre en distinto idioma: Santiago, St Jaques, Saint James y Jacob
Detalle de vitral mostrando a Santiago 
con sombrero de peregrino, cayado 
y vieiras en Rouen, Normandía c.1270. 
Foto suministrada. D.R.
En francés, tanto el molusco como su preparación clásica con salsa de crema, se llama coquille St Jacques. En alemán son Jacobsmuschein - literalmente “molusco de Santiago”. El nombre científico del oriundo del mediterráneo es Pecten Jacobeus, aunque el de Galicia, por ser más grande se llama Pecten Maximus.

Iglesia de St. James en Sydney, Australia.
Foto suministrada. D.R.
La concha está representada en la decoración de todas las iglesias dedicadas a Santiago, por ejemplo la Iglesia de St. James en Sydney, Australia. En ella aparece en varios lugares, inclusive en los mosaicos del piso.

Siempre que se refiere a Santiago, se representa la parte convexa exterior de la concha. En contraste, cuando se refiere a la diosa Venus, se presenta la parte suave cóncava interior.

Símbolo de la Fertilidad
A las vieiras y demás moluscos de concha abisagrada se les considera símbolo de la femineidad. La concha exterior denota el principio de la protección y de criar, mientras que el interior imagina la “fuerza vital que dormita en la tierra”.


Sandro Botticelli, El Nacimiento de Venus “Nascita de Venere” (c.1484-1486). Tempera sobre canvas. 172.5 cm x 278.9 cm (67.9” x 109”) Uffizi, Florencia.  Foto suministrada. D.R.
En la pintura clásica de Venus, la diosa romana del amor y la fertilidad, Afrodita para los griegos, siempre incluyen una venera para identificarlas, Uno de los más conocidos es el Nacimiento de Venus de Botticelli, en que la diosa está parada sobre una concha.

Otra de las leyendas relacionadas con las vieiras en España, dice que el “Camino” era un peregrinaje de fertilidad para las parejas jóvenes que deseaban tener descendencia. De ahí surge que originalmente el llevar  la venera era un símbolo de fertilidad para los paganos.

Pero hay otro santo más
Abraham Willemsens. San Agustín con un niño: Alegoría de la Trinidad. 
Flamenco (c.1635-72) Aceite sobre cobre 70 x 88 cm. Foto suministrada. D.R.
Cuentan que San Agustín caminaba un día por la playa mientras meditaba sobre los misterios de la Iglesia. De pronto se encontró a un niño que estaba echando agua de mar en un pequeño hueco que había hecho en la arena, usando una venera. Cuando Agustín le preguntó qué hacía, el niño le contestó “Estoy vaciando el mar en este hueco”. Así Agustín comprendió que era imposible entender todos los misterios de Dios.

Escudo de Armas de Joseph Ratzinger.
Foto suministrada. D.R.
Este significado simbólico lo tomó Joseph Ratzinger como escudo de armas mientras fue Arzobispo de Munich, y lo retuvo al ser elegido Papa Benedicto XVI. Para sus estudios doctorales en 1953, Ratzinger escribió su disertación “El pueblo de Dios y la Casa de Dios en las enseñanzas de Agustín”, en donde señala a la venera como parte integral de los pensamientos del santo.

Como medalla al mérito
Escudo de Armas de Winston Churchill 
Foto suministrada. D.R.
La concha comenzó en la heráldica como símbolo de aquellos que habían hecho el Camino de Santiago, pero con el tiempo se convirtió en símbolo del peregrinaje en general. Los escudos de las familias de Winston Churchill y la de la fenecida Diana Spencer, Princesa de Gales, incluyen una venera;
Escudo de Armas de la familia Spencer. 
Foto suministrada. D.R.
también los escudos personales de los hijos de diana, el Príncipe William, Duque de Cambridge y del Príncipe Harry, antes de abandonar sus posiciones en la casa real. Hay que investigar si luego de su retiro, aún retiene el escudo.

Pero retornando a lo que vinimos.

Vieiras (arriba) en mantequilla de avellanas de aperitivo. 
Coquillages de Bretagne (abajo) con mantequilla de ajo. 
Restaurante Mamie en la rue Jean de la Fontaine, Paris. 
Foto por el chef Jean Imbert, en Instagram. D.R.
Esta vez no voy a cocinar
Como expliqué al principio, en verdad no intereso manejar las vieiras en la cocina, así que voy a explicar un par de platos para que tengas una idea de su presentación. Además, añado una galería de fotos de distintos platillos, varios de ellos de restaurantes en Puerto Rico.
También publico la receta de los Coquille Saint-Jacques porque es la más tradicional.


VIEIRAS EN SALSA DE MIEL

Vieiras en salsa de miel en el restaurante chino Kimpo Garden
en la avenida Piñero, San Juan de Puerto Rico.
Ingredientes:
500 gramos de  vieiras
Pimienta negra molida
2 cucharadas de miel
2 cucharaditas de salsa Sriracha
1 cucharadita de vinagre de sidra de manzana
Sal
2  cucharadas de aceite de oliva
3 dientes de ajo picados
1 cucharada de perejil picado

Vieiras sobre risotto en el restaurante español
El Chotis en Ávila, en San Juan de Puerto Rico.
Procedimiento:
Sazona las vieiras con pimienta negra molida.
Mezcla en un envase la miel, la salsa Sriricha, el vinagre y sal.
Pon el aceite de oliva en una sartén a fuego medio. Añade el ajo y las vieiras. Cocina hasta que los ajos se vuelvan dorados. Ahora añade la salsa de miel a la sartén. 
Voltea las vieiras para asegurar que están cocidas, y reduce la salsa a una consistencia espesa y más oscura.
Espolvorea con perejil picado y sirve.


COQUILLE SAINT-JACQUES
(4 Personas)

Vieiras de la bahía de Nantucket en tres presentaciones: 
1- con manzana verde, rábano picante “horseradish” y  condimento 
“yuzu koshu”; 2 - Crema de koji, parmessano y trufa negra; 
3 - Curry verde, tupinambo y daikon fermentado.
Zero Restaurant + Bar del Hotel Zero George Street, en Charleston, 
South Carolina. Foto por el chef Vinson Petrillo, en Instagram. D.R.
Ingredientes:
16 Noix de Saint-Jacques o Vieiras.
1 Cucharadita de sal.
¼ Cucharadita de pimienta blanca, molida.
2 Cucharadas de mantequilla.
1 Cucharada de aceite de oliva extra virgen.
2 Cucharadas de mantequilla.
2 Echalotes o 1 cebolla morada, mediana, finamente picada.
1 taza de champignones frescos, picados en lascas finas.
2 Cucharadas de mantequilla.
1 Echalote o una cebolla morada pequeña, picada en brunoise.
Vieiras con setas sobre pasta en salsa de crema nata y vegetales.
Restaurante Casa Manolo en San Juan de Puerto Rico.
2 Cucharadas de harina de trigo.
½ taza de vino blanco, seco.
½ taza de caldo de pescado.
3 Cucharaditas de queso gruyere rallado.
3 Cucharadas de queso parmesano Reggiano rallado.
2 Cucharadas de crema de leche.
1 Cucharada de perejil finamente picado.
1 ½ Cucharadas de mantequilla.
2 Cucharadas de queso parmesano Reggiano rallado.

Preparación:
1) Lavar bien los noix de Saint-Jacques o vieiras (si son frescas), introducirlas en un recipiente grande con agua y un puñado de sal marina. Cambiar el agua 3 o 4 veces. Las vieiras absorberán el agua y eliminarán la arena. Dejarlas escurrir y luego dejar secar en papel absorbente. Salpimentar.

2) En un sartén grande, calentar las 2 cucharadas de mantequilla y el aceite de oliva, incorporar las vieiras y dorar por un máximo de 1 minuto por lado. La idea es sellarlas para que conserven sus jugos y no cocinarlas por completo. Reservar.

3) En el mismo sartén, agregar 2 cucharadas de mantequilla y el echalote o cebolla, finamente picada, y cocinar a fuego medio, hasta que se ponga transparente. Incorporar la harina y cocinar durante unos 3 minutos, revolviendo todo el tiempo. En ese instante, agregar el vino, dejar que hierva y reduzca al menos a la mitad e incorporar el caldo de pescado, el queso gruyere, el parmesano y cocinar hasta espesar. Retirar el sartén del fuego e incorporar la crema de leche y el perejil. Revolver bien y rectificar la pimienta y la sal.

4) Luego, colocar en cada concha de coquille o envase individual para horno, un trocito de mantequilla, los champignones y la mezcla de salsa bechamel con las vieiras repartidas proporcionalmente para que cada coquille o envase individual tenga suficientes vieiras. Espolvorear con queso parmesano finamente rayado y colocar las coquillas en una bandeja de horno a gratinar en broil, hasta que doren su superficie.


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