domingo, 19 de febrero de 2023

La traducción del Vermú

 

A veces las cosas más obvias son las que no vemos. El “vermú”, la versión española del vermouth francés, no es otra cosa que la palabra wormwood pronunciado en alemán (verm-uud); y no, wormwood no es una madera para gusanos como sugiere Google, sino ‘ajenjo’ (Artemisia Absinthium), una hierba perversa de la cual se destila el licor ‘Absinthe’ (Absenta), también conocido como “el demonio (o el hada) verde” por su infame historial. Pero de eso... hablamos luego.

¿Qué tiene que ver el ajenjo con el vermouth? Sencillo. El licor “vermouth” es vino tinto o blanco, aromatizado y macerado con ajenjo y otras hierbas amargas. Entre cuatro y diez días más tarde, el licor se filtra, se endulza con almíbar simple para balancear lo amargo. En ese momento se le puede añadir vino de jerez (sherry) o whiskey para reforzarle el contenido de alcohol. 

La combinación de distintas hierbas y especias es la receta que distingue cada marca comercial, ya sea Izaguirre, Cinzano, Dolin, Padró, Contratto, Martini & Rossi, Miró o cualquiera de las docenas de productores. También se puede hacer una versión en casa, pero de eso... también hablamos luego.

En otros lugares del mundo se hace el mulled-wine para el invierno, infusionando -con calor- las especias en el vino y tomarlo como un ponche en noches especiales como la Nochebuena y Año Viejo. Para eso utilizan especias como la canela, el clavo, jengibre, la malagueta, y otras alusivas a la temporada festiva. 

El vermouth no es eso. El vermouth es un fuerte licor en toda regla, que se macera a temperatura ambiente, y aunque se toma como una bebida refrescante - con hielo, algunos con unas gotas de limón y un splash de soda - ya del tercero en adelante, seguramente estás embriagado.


Romilar con Codeína

Como muchas comidas y bebidas, el vermú es un gusto adquirido. La primera vez que probé el clásico aperitivo amargo Campari, me hizo regresar a la niñez cuando tenía catarro y me recetaban el expectorante Romilar con Codeína, que sabía a rayos. Por suerte, eso lo sacaron del mercado en 1973 y los de ahora por lo menos saben a cereza artificial. Pues odié el Campari, pero a la larga me dejó un aftertaste muy agradable, que me hizo intentarlo una segunda vez. Desde entonces lo tomo a menudo antes de las comidas y me lo disfruto a cabalidad.

Pelayo, en Amor en Tiempos
Revueltos, interpretado por
José Sayagués. Foto
suministrada. D.R.

 Exactamente eso me pasó con el vermú. Estaba harto de ver programas de TV españoles en donde la gente lo tomaba con gusto, y decidí comprar una botella para probar. Confieso que el primer sorbo no fue el mejor, pero del segundo en adelante me cautivó. Es más, a veces cuando cocino, me preparo un vermusito y trabajo feliz. Lo mejor que tiene es que no se daña en la nevera como el residuo de un vino regular, y puedes terminar la botella con calma. Es un licor que sirven en todos los locales que frecuento, y lo he convertido en otro “regular”.

 

La extensa lista para el colmado

Como te expliqué antes, la receta del vermouth varía según quien lo hace, aunque las hierbas suelen ser las mismas, pero en distinta proporción. La base siempre es el ajenjo, y lo demás es lo que cambia. 

Entre lo que se le echa en las distintas recetas que he encontrado, están las siguientes hierbas y especias: 

Genciana, Centáurea Mayor, Saúco seco, Énula campana, Cálamo, Díctamo blanco, Angélica, Rosa Mosqueta, Hierba escutelaria, Hierba de Verbena, Raíz de Bardana, Bayas de enebro, Vainas de Cardamomo, Canela, Clavo, Manzanilla, Jengibre, Hinojo, Salvia seca, Cáscara de naranja, Cáscara de limón, Semilla de Cilantrillo, Anís estrellado, Vanilla, y Menta. 

No se le echa todo eso, sino que cada uno hace una selección de entre ellas, para su receta personal. Hay quien le echa astillas de la madera de los barriles de whiskey o de jerez, que están impregnadas con el sabor de esos licores… que sería como añejar el vermú en una barrica.


El verde Absinthe

Foto suministrada. D.R.
Estaba intrigado sobre ese licor de ajenjo que ha desatado muchas polémicas a través de la historia, sobre todo hacia finales del siglo 19 y entrado el 20, en que estuvo de moda entre la clase “bohemia” europea. Muchos de los artistas de la época juraban que su ‘musa’ era gracias a esa bebida, que en un momento estuvo prohibida por alegadamente ser un fuerte alucinógeno. 

Oscar Wilde.
Foto suministrada. D.R.

Entre los usual suspects se encontraban: James Joyce, Baudelaire, Verlaine, Arthur Rimbaud, Toulouse-Lautrec, Oscar Wilde, Edouard Manet, Edgar Degas, Modigliani, Pablo Picasso, Vincent van Gogh, Marcel Proust, Erik Satie, Lord Byron; y en Estados Unidos: Ernest Hemingway, Mark Twain, Edgar Allan Poe, Frank Sinatra, y Franklin Delano Roosevelt - sí, el presidente: Te digo… la crema y nata.

Foto suministrada.
D.R.

En la actualidad el Absinthe está de regreso en el mercado, en una versión a la que se le ha retirado el susodicho compuesto que causaba la alucinación - aunque los estudios modernos indican que esa idea era incorrecta y que no causaba nada… pero bueh...

Pues a la tienda de licores me dirigí en su búsqueda, y lo vine a encontrar en un lugar en que ofrecían muestras antes de comprarlo. Perfecto. Ya estaba decidido a tenerlo en mi barra, pero no venía mal el probarlo antes de abrir la costosa botella en casa. Probé lo que debió ser una cucharada servida en un envase de 1 onza, quizás de dos sorbos. Muy rico. Anís, sin ser dulce como el anisette.

El resto de la tarde hasta la noche la pasé en otro mundo. Créeme que sé lo que es estar borracho, pero esto era otra cosa. Diferente. Más a nivel de un sedante que de trago social. 

Foto suministrada.
D.R.

Tradicionalmente esta bebida se toma diluida con agua en una copa diseñada para ese propósito, que tiene la medida del “shot” en la parte inferior. 
También lleva un bloque de azúcar que se coloca en una cucharilla tipo colador, a través del cual se echa el agua para disolverlo. En realidad es una ceremonia prepararlo, y probablemente la razón por la que me hizo efecto que me hizo, al tomarlo puro.

Foto suministrada. D.R.

 

La hipocrática historia del vermut

Hipócrates. Foto
 suministrada. D.R.

Según cuenta la historia, en el siglo V antes de Cristo, el médico y filósofo Hipócrates hacía una bebida medicinal que se hizo muy conocida, a base de macerar en vino, flores de ajenjo y hojas de díctamo. En la Edad Media, a este tónico se le llamaba “vino hipocrático” o “vino de hierbas”.

Antes de eso, podemos remontarnos a 1700 a.c. cuando el vermut se elaboraba copiando una mezcla de hierbas utilizada por la civilización egipcia. 

Foto suministrada.
D.R.

Por escrito, la historia más antigua registrada del vermut se remonta a 1549, cuando Constantino Cesare De Notevolinos escribe en su libro Ammaestramenti dell’agricoltura una fórmula con fines terapéuticos. Años más tarde, en 1570, Giovanantonio Soderini creó el vermú original de Alemania y Hungría, en referencia a una bebida aromatizada preparada en los Balcanes, llamada Polí.

Foto suministrada.
D.R.

Para el siglo 18, con una nueva tecnología disponible, el vino aromatizado tomó un nuevo rumbo en el área italiana de Piedimonte; y finalmente comenzó su producción industrial en 1838, a manos de los hermanos Luigi y Giuseppe Cora.

Así llegó a Francia a partir de mediados del siglo XIX, en donde se comenzó a producir vermut blanco de alta calidad y luego se exportó a otros países. Es por eso que el vermut rojo se ha asociado durante mucho tiempo con el vermut italiano y el vermut blanco con el vermut francés. Hoy en día casi todos los productores elaboran ambos vermuts.

 

La compra por correo

Seguramente leíste el listado de ingredientes, y como yo, tienes algunas 10 en tu casa; has “escuchado” de otras cinco; y las restantes… ni idea de lo que son… empezando por el ajenjo.

Pues me di a la tarea de buscar la información de cada uno de los ingredientes para ver cómo conseguirlos, y encontré que muchos se venden a través de herbolarios que los envían por correo. Hice un escogido de entre lo que encontré, y lo que estaba económicamente razonable. 

Gasté una suma considerable para este proyecto, y eso: sin comprar las más caras, ni las que vendían solamente en empaques grandes (cinco kilos - once libras y poco), de lo que sólo voy a usar una onza. Compré el Ajenjo seco, Saúco seco, Raíz de Angélica, y Genciana.  

Poco a poco fueron llegando, dependiendo de la distancia desde donde viajaban, y ya tengo todo lo que pedí. Tengo los ingredientes que estaban en casa, además de las vainas de cardamomo que conseguí en el mercado árabe local. Falta seleccionar el vino que voy a usar y comenzar el proyecto. 

“Tradicionalmente se hace con vino sobrante o de inferior calidad”, comenta mi amigo Yaxel, barman del restaurante L’Olivo. Yo, como no dejo que sobre el vino, abriré una buena botella de la bodega para prepararlo.


 

La etiqueta del Pavo Real

Siempre que hago este tipo de proyecto me gusta complementar con la parte gráfica también. Lo hice con el librito de la paella y en el Limoncello, entre otros. Esta vez no fue la excepción, y sobre todo por la trayectoria artística detrás de la bebida, quise hacer algo un poco más vistoso. Quería que recordara la época de los pintores que mencioné antes, así que me decidí por el estilo Art-Deco, en la transición entre el siglo 19 y el  20.

Hace años tome clases para hacer vitrales con el maestro francés Ernest Roselle, y mi trabajo final consistió de un pavo real enmarcado en un círculo, que nunca he instalado en ninguna parte. Bueno, pues tomé ese mismo diseño como pieza central para la etiqueta, eliminándole los detalles en “grisalla” que tiene el cristal, y que ilustran las estrías de las plumas.

Este proyecto no va a pasar de una o dos botellas para uso personal - no se va a producir para la venta ni nada parecido - pero me divierto mucho llevando la experiencia de principio a fin.

 


Pues, a preparar el vermú

Llegó el momento de hacer la bebida en casa. Escogí un buen vino de módico precio porque no voy a usar uno extremadamente caro para esto, por si no me gusta. Al final no sé cómo va a resultar y no pienso perder ese vino. Sería como usar ron Barrilito Tres Estrellas para hacer un “Cuba Libre”; Dom Perignon para una “Mimosa”, o tequila Gran Patrón Burdeos para una “Margarita”. Hay quien lo hace, pero me parece que esas confecciones de extrema calidad no se deben diluir en tragos mezclados en donde lo que vas a degustar es el pedestre mixer. Pero eso soy yo, y nadie me preguntó.

 

La receta con lo que tengo

VERMÚ CASERO

Ingredientes:

1 bot de vino tinto o blanco

2 cucharaditas de ajenjo seco

1 cucharadita de piel de genciana seca

1 cucharadita de raíz de Angélica

1 cucharadita de saúco seco

1/3 cucharadita de Semilla de Cilantrillo

1 Anís estrellado

1/3 cucharadita de Clavos de olor.  

1/3 cucharadita de bayas de enebro. 

1/3 cucharadita de vainas de cardamomo

La piel de ½ limón

2 palitos de canela

8 oz. de Almíbar simple

 

Procedimiento:

Coloca todos los ingredientes en una jarra y deja reposar en un lugar oscuro durante cuatro días. La genciana debe retirarse pasado un día o dos, porque es el más amargo.

Para que infusione más lentamente, puedes dejarlo en la nevera ya que el frío hará que los aromas se desarrollen poco a poco.

Los vermús son muy personales, así que es mejor ir probando un poquito cada día hasta que esté a tu gusto, sobre todo por los amargos.


Con las catas diarias notarás que al vermú le falta un puntito dulce. Para ello le puedes echar al final un poco de almíbar simple. Esto no es más que agua y azúcar a partes iguales que calientas en una olla, para que el azúcar se diluya y el resultado sea un jarabe.

Una vez que lo tengas al punto de aromáticos, lo cuelas y endulzas con el almíbar a gusto. Lo dejas en una botella bien tapado y lo puedes tomar ya, o bien dejarlo ahí para que siga madurando. Si por casualidad te olvidas de taparlo bien, no te preocupes porque se hará un magnífico vinagre aromático.

 

El final de la experiencia

Pasaron los cuatro días de maceración y cuando abrí el pote para filtrar, el aroma era espectacular. Nunca imaginé que iba a ser tan potente, tan agradable y tan redondeado. Especias, pero en una combinación que no reconocí porque en su mayoría no las conozco. Creo que voy a retener esta receta y si vuelvo a preparar vermú, usaré la misma. 

Luego de colarlo para eliminar las especias grandes, lo filtré en una cafetera Chemex con filtro de papel para asegurarme de que no tuviera residuos. Le eché 8 oz. del sirop que siempre tengo preparado para el Tom Collins, y lo regresé al pote a que “madure” un día. 

Al día siguiente lo envasé, le puse la etiqueta y lo guardé en la nevera para que ya esté frío cuando lo vaya a tomar. Sobró un poco menos de lo que esperaba, que era 8 oz. más de la botella de vino, por el almíbar que le añadí. Al parecer las especias absorben parte del vino original, y al colarlo, se va esa parte en el zafacón.

Este es un tipo de proyecto que hay que organizar “al chavo”, porque requiere que en dos días hagas tal, y en cuatro hagas otra cosa. Si crees que no vas a poder trabajarlo en los próximos días como se supone, y te puedes complicar, no lo empieces. El proyecto es caro y complicado. Probablemente uno sale mejor comprando un vermú comercial, como he dicho antes. 

Para mi, sin embargo, embarcarme en un proyecto como este, resulta ser un reto que me disfruto a cabalidad: desde hacer la investigación, buscar los ingredientes, hacer la bebida, fotografiar el proceso y luego presentar el escrito en la página... es un logro personal. Si alguien lo lee y comenta, eso es frosting. Es más, me alegro hasta cuando alguien comenta que prefiere que escriba solo la receta y borre la historia. Por lo menos hay interacción y hasta eso me es importante.

 

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sábado, 4 de febrero de 2023

“Chapata”... con “p” de chapato

Mi amigo Jesús, el chaval español que trabajaba en la panadería, se sorprendió de que yo pidiera el pan Ciabatta por nombre. “Es que en los años que llevo aquí, tu eres la primera persona que sabe lo que es y pronuncia bien el nombre”, me comentó. “Pero claro, tu trabajas en la industria de la gastronomía y escribes un blog sobre comida”.

No es por eso. Lo conocí cuando lo compraba hace años a una señora llamada Lola, que le llamaba “Chapata”... así, con “p”. Seguramente lo relacionaba con la suela de un chapato, que es lo que parece la forma tradicional que lleva. No estaba tan lejos de la verdad, pero eso te lo explico más adelante. 

Recuerdo que ella siempre atendía a mi papá, y que el día que supo que él había muerto, se echó a llorar. De primera intención me tomó por sorpresa su reacción, porque en verdad se veían esporádicamente y no pensé que se entristeciera tanto. 

Pero yo también he hecho amistad con algunos clientes: he visto a los bebés crecer; a las parejas casarse... y señoras que me besaban al llegar, antes de la pandemia. 

He hecho bellísimas amistades siendo yo el cliente, y mi amigo Jesús es uno de ellos. Con él he tenido largas conversaciones, hemos compartido anécdotas de viaje y comidas. 

La muerte de Leonardo da Vinci por Jean Ingres.
1818. Petit Palais, Paris.
Foto suministrada. D.R.

Pensándolo bien, Lola no es muy distinta a mi. Yo, que al final de leer la biografía de Leonardo da Vinci y llegar a la parte de su deceso, lo sentí con tanta tristeza que el resto del día lo pasé devastado... ¡algo que pasó en el 1519!


¡Perdooooname...!

¿Te diste cuenta de que pasé del pan a las amistades y de ahí a Da Vinci? Siempre me desvío del tema... el punto es que me encanta el ciabatta. Para mi, que prefiero la parte crujiente de la hogaza mil veces por encima de la miga esponjosa, es el pan perfecto: Todo crust y casi ninguna miga.

Pues una tarde del confinamiento en que muchos horneamos pan from scratch, no tenía masa en el proceso de crecimiento, así que no había pan para los emparedados que había planificado hacer esa noche. 

Me puse a cotejar recetas buscando qué era lo más rápido que podía preparar y ¡voilá!, encontré una para ciabatta que sólo tarda unas dos horas en completarse.

The Blob.
Foto suministrada. D.R.

La receta lleva miel en vez de azúcar a la hora de florecer la levadura, y ciertamente eso hace una diferencia. Pide esperar cinco minutos antes de añadir los demás ingredientes, y de repente aquella espuma empezó a crecer sin control. Pensé que estaba dentro de la película “The Blob” y aquella pequeña mezcla iba a crecer, arropar la cocina completa, y Chocolate y yo íbamos a perecer. Acá entre nos, no esperé los cinco minutos, por si acaso, y eché lo demás a escape.

Una vez tuve la masa terminada, en vez de darle la forma ovalada tradicional, la hice rectangular para que fuese más fácil cortarla en cuadrados para el sandwich. ¡Perfecto!


Pero si tenías duda, aquí te la aclaro

Foto suministrada. D.R.

La palabra chapata no era un error de Lola. Es el nombre de ese pan en castellano, y viene del italiano ciabatta, que significa pantufla, y efectivamente, se llama así por la forma de la hogaza. 

La palabra ciabatta viene del provenzal francés sabata, y ésta a su vez del latín sapa, que viene del árabe sabbat, o cuero curtido... cuero, como el de la suela de zapato. Get it?

Zuecos franceses.
 Foto suministrada. D.R.

La etimología de la palabra también está relacionada con el griego diabathron, que significa “chancla”; los sabbots, zuecos de madera franceses, y claro, los zapatos, para regresar a nuestro castellano.


¡Un invento moderno!

Arnaldo Cavallari. Foto suministrada. D. R.

El proceso para hacer el ciabatta lo inventaron Arnaldo Cavallari y el panadero Francesco Favaron en el pueblo de Adria en Italia, ciudad que le da el nombre al mar Adriático. 

La marca se registró como “Ciabatta Italia” hace sólo 41 años, en 1982. 

Foto suministrada. D.R.


La masa se compone principalmente de un “prefermento” o una masa madre, a la cual se le añade una cantidad de harina pero siempre manteniendo un alto porcentaje de agua (cerca del 70%), lo que ayuda a crear grandes alveolos, o huecos de aire en la miga.


La receta del Ciabatta

En un envase pequeño mezcla 1/4 taza de agua tibia, 1/2 cucharadita de miel y 2 cucharaditas de levadura seca. Deja reposar 5 minutos y remueve. Vigílala porque se vuela rápido. Ya te lo advertí.

Coloca la harina en un envase grande. Haz un hueco en el centro de la harina y añade la levadura y el resto del agua (3/4 taza mas 2 cucharadas). Mezcla con una cuchara de palo, y cuando esté casi lista añade la sal y termina de mezclar. La masa debe estar ligera y pegajosa. Espolvorea el tope con 1 1/2 cucharadas de harina.

Cubre el envase con una toalla de tela y coloca en un área templada sin viento por 1 1/2 horas para que suba.

Pre-calienta el horno a 425ºF (220ºC), coloca papel de hornear en una placa o molde para el horno, y espolvorea con harina.

Con mucho cuidado pasa la masa crecida del envase a la placa, asegurándote que la parte enharinada se mantiene como tope. Forma la hogaza alargada con la ayuda de una espátula. 

Coloca otro molde en la parte inferior del horno. Echa 5 o 6 bloques de hielo para crear vapor, o añade una taza de agua al molde precalentado al hornear el pan. Hornea de 20 a 25 minutos. Deja reposar y sirve.


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sábado, 28 de enero de 2023

50 galletas de Grey, Earl Grey


Raras veces horneo galletas, salvo las de Chocolate - léase ‘las galletas de calabaza y mantequilla de maní que le hago a mi perro Chocolate, porque las comerciales no le caen bien’. Me parece que son demasiado trabajosas, se acaban muy rápido, y la variedad comercial es tan grande que no vale la pena invertir tiempo en ellas. 

Esta receta de Galletas de Té Earl Grey que encontré, sin embargo, me llamó la atención porque con el sencillo cambio del sabor de té, se puede hacer infinidad de galletas: de lavanda, de Chai, de manzanilla, y hasta de Sleepytime

Por otro lado, me entusiasmó la idea de usar el té británico Earl Grey, por la tradicional costumbre inglesa de tomar el té con algún tipo de “pasta” o galleta alusiva; y que siempre me ha gustado el aroma de ese té en particular. 

Té saborizado 
El Earl Grey es uno de los tés con sabor más reconocidos en el mundo. Este té específicamente británico, es en concepto una base de té negro, saborizado con el aceite de la cáscara de la naranja Bergamot, una fruta cítrica que tiene una apariencia y un sabor que está entre una naranja y un limón, con un toque de toronja y un poco de lima verde. 

Los marcadores genéticos dicen que la naranja de Bergamot que se cultiva hoy día es un híbrido de la naranja amarga de Sevilla con el limón dulce del sudeste de Asia. 

“Bergamot” viene de la palabra italiana bergamotto y ésta puede que se derive del nombre del pueblo italiano Bérgamo. También se especula que surge del nombre turco beg armudu, que significa “Pera del Príncipe”. Yo voto por la segunda, por la forma de pera que tiene la fruta. 

Foto suministrada. D.R.
Una de las historias sobre el origen del té Earl Grey explica que el Máster del Té de un mandarín chino que estaba de visita en Londres, mezcló el primer té Earl Grey para obsequiárselo a Charles Grey, el 2do Conde de Grey, que fue Primer Ministro del Reino Unido desde el 1830 hasta el 1834. 

Foto suministrada. D.R.
 Según la familia Grey, el máster usó el aceite de la naranja de Bergamot para contrarrestar el sabor a metal que tenía el agua del pozo la residencia de los Grey, Howick Hall, cerca de Newcastle en Inglaterra. 

Foto suministrada. D.R.
La señora Grey estaba tan encantada con el té, que lo comenzó a servir en sus reuniones y fiestas. Su té se hizo tan popular en la sociedad londinense, que la señora le comisionó a unos comerciantes de ese producto en Londres, a que lo copiaran, para poderlo reproducir. 

No queda claro cuál de los comerciantes de té de Inglaterra hizo la primera mezcla del Earl Grey, pero en la caja de la marca Twinings, el actual Conde de Grey escribe lo siguiente: 
 
“La compañía Twinings ha mezclado el té de mi familia por muchos años. La leyenda dice que mi ancestro, el segundo Conde de Grey, recibió esta exquisita receta como regalo de parte de un emisario, a su regreso a China. Le gustó tanto, que le pidió a Richard Twining que recreara la receta para él. Muchas generaciones de mi familia han disfrutado del té Earl Gray, y hoy me siento muy orgulloso de continuar esta tradición con el té, que es un favorito a través de todo el mundo, conocido como el Twinings Earl Grey” - Grey, El Séptimo Conde de Grey. 

Una cosa es segura: El Segundo Conde de Grey abolió la esclavitud y reformó las leyes de trabajo infantil en Inglaterra durante su liderazgo como Primer Ministro, sin embargo, será mejor recordado por el té. Ni modo. 

Como nota al calce, usé el término “Conde” en español, sustituyendo al inglés Earl para que fuese más clara su posición dentro de la Nobleza. La palabra Earl viene del Jarl escandinavo, aunque en el inglés del Reino Unido, Earl se usa indistintamente con la palabra Count

Finalmente, me pareció que esta receta es bastante simple, con accesibles ingredientes, y poco trabajo. Para probarla, hice media receta y salieron 10 galletas. Experimenta con distintos tés y me dejas saber. Aquí te la entrego. 



Galletas de Té Earl Grey 

Ingredientes: 
2 tazas Harina de trigo All-purpose 
2 barras de Mantequilla, en daditos y frías 
1/2 cucharadita de Malagueta (Allspice) 
2 bolsas de Té Earl Grey (abre las bolsas, reserva el té y desecha las bolsas) 
1/4 cucharadita de sal 
1/2 taza + 2 cucharadas de Azúcar en polvo “glass” 
Una pizca de ralladura de Naranja o Limón 
2 cucharaditas de Vainilla 
2-3 cucharadas de Agua 

Procedimiento: 
En el envase de un procesador, combina la harina, la mantequilla, la malagueta, el té, la sal el azúcar y la ralladura cítrica. “Pulsa” hasta que parezca arena húmeda. 

Continúa mezclando y añade la vainilla y el agua por el tubo hasta que se forme una bola suave. 

Divide la masa en dos y enrolla en film plástico formando un cilindro de algunas 2 pulgadas. 

Refrigera por lo menos 30 minutos. Corta en rebanadas de 1/2” y coloca en una placa de hornear con papel pergamino parchment (de hornear), dejando un poco de espacio entre las galletas. 

Hornea a 350º F de 6 a 8 minutos, o hasta que doren. 



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jueves, 19 de enero de 2023

La mechada del martes con la salsa del jueves

Ya me conoces. Me saca por el techo seguir las recetas tal como vienen, y siempre tengo que hacerle algún cambio que me parece lógico. Pues esta receta de hoy es uno de esos híbridos. Es la mezcla de la receta de las magdalenas de leche condensada; con el método y el crujiente del bizcocho gamberro de Carlos Maldonado, y con tres peras que estaban ya por dañarse. 

Como decía un viejo anuncio de TV: “La mechada del martes con la salsa del jueves”. A ver qué sale... a inventármelas, como te sugiero siempre.


He tomado varias clases cortas de cocina - valga, que con gente muy interesante como: 

El Maestro francés Jacques Pépin, Decano del International Culinary Center;


Cándido López de El Mesón de Cándido en Segovia; 

el Chef Dayn Smith, en ese momento el Chef Ejecutivo del Hotel Condado Plaza; 

David Graves, cuando era el Chef Ejecutivo de La Fortaleza - residencia oficial del Gobernador de Puerto Rico; 

y la hermosísima Marisoll Hernández, con quien aprendí a hacer sushi.

No es para echármelas, sino por todo lo contrario: que nunca he tomado clases “oficiales” de cocina para obtener un grado. Por eso mucho de lo que hago, lo trabajo a tientas trial and error. Eso podría ser una cosa negativa, si no fuera porque cada vez que meto las patas, aprendo un mogollón, analizo y le busco la lógica al error para poder corregirlo. Es como si descubriera la cocina poco a poco... ¡y me encanta!

La química de hornear

Por ejemplo: Seguramente la humedad de las peras que acabo de echar en la masa de las magdalenas le va a alterar la cocción. Estoy seguro que sí, porque la repostería es una ciencia química y cualquier cambio la afecta. Lo que me pregunto es si se va a dañar, o va a formar un tipo de pudín cremoso y rico. Ya lo sabremos, porque estoy escribiendo en tiempo real y el bizcocho está en el horno as we speak. Por lo menos ya el olor en la cocina me tiene loco, pero un poco preocupado porque pasados los cuarenta minutos, el centro sigue completamente crudo.

A la hora y diez -y porque le subí la temperatura- el bizcocho está aparentemente listo. Desmoldó fácil y está enfriando para cortarlo. Las puntas que sobresalen en el tope se ven quemadas, pero es el azúcar moreno y canela con el que está cubierto. Eso es caramelo y es un plus.

Como budín de esquina

Efectivamente, los pedazos de pera flotaron hasta el tope y abajo quedó una masa estilo flan. De sabor y textura quedó espectacular. Seguramente las hermanas Tatin le echarían caramelo por encima, lo servirían sin preocupación como un “Budín de Pera Tatin” y sería un éxito por décadas. No dije nada, y la reacción de quien lo probó fue “El bizcocho me encantó”. ¡Budín de esquina!

La realidad es que el error contrario, de que los pedazos de fruta, nueces o chocolate chips se vayan al fondo es el más común. Sucede que el producto añadido cae hasta el fondo porque es más denso que la mezcla. Eso tiene fácil solución, y aquí tienes dos ideas: 

1 - cubres con harina el producto. Eso funciona como una capa de textura que se “agarra” a la masa y las eleva según el bizcocho va creciendo. Esto también reduce la humedad que tenga la fruta, como en mi caso. Es el mismo concepto de cubrir con azúcar las paredes del molde de un soufflé. Así la mezcla tiene una textura de donde agarrarse para trepar y puede crecer uniformemente, lo que no sucede si el molde es suave y resbaladizo.

2 - echar una base de la mezcla sin fruta en el fondo del molde, y echarle la fruta al resto de la mezcla y vertirla encima. Eso crea una barrera que como mínimo evita que la fruta que se sumerja se caramelice y se pegue al molde en el momento de desmoldar.

Mi problema, sin embargo, es al revés. La fruta flotó porque la pera es más liviana que la mezcla. Por lógica, eso de debe resolver batiendo los huevos aparte hasta hacer una espuma, lo que complica un poco esa receta que es muy échalo todo junto, y al horno. Luego de que averigüe oficialmente cómo se corrige este caso en particular te lo explico, porque como dije antes, no tengo puta idea.

Segundo intento. ¿Será verdad que el gas pela

Nuevamente en tiempo real, estoy repitiendo el experimento con una serie de cambios. Batí los huevos hasta hacerlos espuma, para luego envolverlos en la mezcla - que sin los huevos líquidos, quedó bastante pastosa. No confío que eso vaya a hacer diferencia porque finalmente la mezcla no se sentía aereada.

En vez de peras usé manzanas verdes que era lo que tenía, y cubrí los pedazos en harina a ver si esa otra teoría funciona. Aproveché y le añadí canela a la harina, pensando en la idea de un apple pie cake. Lo peor que puede pasar es que quede igual a la vez anterior, que ya de por sí era un buen postre. Sólo estoy tratando de corregir la posición de la fruta dentro de la tarta.

Subí un poco la temperatura del horno, y en vez de hornearlo cubierto con papel de aluminio por media hora, lo puse 40 minutos. Después será cuestión de retirar el papel y hornearlo media hora adicional para que la cobertura crujiente de azúcar moreno y canela se caramelice. Eso cubre la hora y diez que tardó el bizcocho anterior.

Aluminio fuera. A simple vista se nota que la manzana subió un poco porque sobresale por arriba. Pasado el tiempo completo se ve bastante bien pero el cuchillo sale un poco húmedo. Quince minutos más. Te confieso que es desesperante no tener los tiempos claros. 

Finalmente el bizcocho quedó bastante bien. Se ve un poco muy tostado, pero no sabe a quemado. Las manzanas están distribuidas por toda la tarta y aunque no sabe a apple pie exactamente, tiene un ligero sabor que lo recuerda. Buen postre.

La solución a todo este rollo es usar una receta diseñada para tener frutas en su interior, y no querer adaptar una de cupcakes a un bizcocho distinto. La forma de hacerla y las cantidades serán distintas, pero en cierto modo nos asegura el éxito. Yo me voy a comer este tal y como salió porque está sabroso.

Por el momento incluyo la receta de las Magdalenas que no había publicado en el blog, y es la mezcla que usé para el bizcocho. Esta versión de Magdalenas Españolas* es vergonzosamente fácil de hacer. La puedes cambiar a tu gusto, pero de eso hablamos a la vuelta. Mira:


MAGDALENAS ESPAÑOLAS
Ingredientes:
1 lata de leche condensada
1/4 de esa lata, de aceite vegetal
Esa lata llena de harina de trigo regular
3 huevos
1 chin de sal
1 cucharadita de polvo de hornear (levadura química).
Procedimiento:
Precalienta el horno a 325º F. Mezcla la leche, el aceite y los huevos hasta que todo esté unido. Añade la harina, el polvo de hornear y la sal. Una vez la mezcla esté suave, échala en el molde de cupcakes con su papelito, como hasta 3/4 del tope. Espolvorea con Azúcar por encima. Hornea por 20 minutos. Ya.
Cámbialas:
Esta receta es mega básica, y salen 12 piezas. Yo le eché canela, pero se le puede añadir ralladura de limón, naranja, vainilla o una mezcla de especias. Puedes cambiar el aceite vegetal por aceite de oliva virgen extra, y tendrá ese rico sabor frutoso añadido.
Yo también probé echándole sirop simple para hacerlos mojaditos. Probaría con sabor de café o algún licor: Kahlua, Cointreau o anís. Te repito: invéntatelas.
Debería darme vergüenza.

* - Las Magdalenas Españolas son distintas a las “madeleines” francesas, que son saboreadas con limón y en forma de almeja. Esas las puedes aprender en el artículo ‘A la búsqueda de la ensaimada perdida’.

La receta del bizcocho gamberro de Carlos Maldonado
, aparece en ‘¿Pero será gamberro?’.